Encíclica LUMEN FIDEI de Francisco
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Airearse

Al comenzar el mes de marzo, se retoman muchas tareas que en estos meses se habían dejado. Este año coincide este inicio con el de la Cuaresma, un tiempo, cuarenta días, que la Iglesia vive con intensidad especial para tratar de encontrarse mas profundamente con Jesús, y así poder seguirlo mejor, es decir, vivir, sentir, pensar, actuar como El.

Para vivir este tiempo con frutos es importante hacerse a la idea de tenerlo presente cada día, y no sólo los domingos en Misa, o los viernes sin comer carne. Se nos invita a entrar en el corazón de Jesús, y dejarlo a El entrar en el nuestro, con alguna lectura apropiada, con algún texto del Evangelio o los Salmos, proponiéndose tener diez o quince minutos de oración privada. Esto nos puede ayudar para ir descubriendo algún aspecto de la vida que tenemos que cambiar, mejorar o dejar. Para descubrir actitudes que molestan, lastiman, irritan, o perjudican a los que mas quiero, y cómo puedo cambiar. Para descubrir qué propósitos hice en el último año y cuáles llevé adelante o dejé de lado, y con qué resultados. Para descubrir si mi amor a Dios es sincero, si ha crecido, o se está apagando, si lo busco o sólo es un recuerdo nostálgico. Para tener en cuenta si estoy encarando mi vida según la Fe, es decir, sabiendo que es un camino hacia la vida eterna, o me absorben tanto las cosas, problemas, proyectos que todo lo veo como solo desde acá, sin levantar la mirada.

La Cuaresma, también, es un buen momento para rezar en familia, para hablar de la vida a la luz del Evangelio, para pedirse perdón, para dejar de lado rencores, para decirse cosas que ayuden a los demás y que nunca se encuentra el momento o la oportunidad, muchas veces por temor, por falta de confianza, por miedo al rechazo.

El Papa Benedicto XVI, en su mensaje de Cuaresma, nos recuerda los males que sufre nuestro tiempo y la responsabilidad que tenemos como cristianos de hacer algo, y no solo lamentarnos por los desastres, las injusticias, los odios, etc., ya que algunos o muchos de estos temas son provocados, ayudados o no cortados por nosotros mismos en las pequeñas cosas de cada día, que muchas veces no le damos importancia, pero que ayudan a que la presencia del Señor en el mundo, en mi mundo, se haga cada vez mas tenue, mas difusa, mas imperceptible.

Como reflexionábamos el otro domingo, a la luz del Evangelio, la Conversión de vida es una necesidad para todos si queremos ser mas felices, y está ofrecida para todos y es posible para todos, basta desearla y buscarla que el Señor nos muestra el camino….después está en nosotros el aprovecharlo o dejarlo. Y también es importante reconocer y aceptar que el otro también puede convertirse de sus errores y que si yo puedo tengo que ayudarlo a que lo logre, no a ponerle trabas o dificultades, como a veces pasa en la familia o entre amigos cuando alguno quiere cambiar llueven las críticas, las burlas, el dejarlo de lado, el alegrarse cuando no lo logra, o tiene un traspié…..y así es muy difícil que crezcamos en el amor, que crezcamos en generosidad, que crezcamos en verdadera grandeza, y todas nuestras palabras de preocupación por el otro serán mera declamación vacía de algo que no vivimos ni somos.

Cuaresma, tiempo para aprovechar para “airear” el espíritu y el corazón, permitiendo que la Gracia del Señor “ese aire nuevo” nos refresque y alivie en nuestras sequedades, dolores, abatimientos, aburrimientos, faltas de compromiso, mentiras, mal uso de nuestro cuerpo, de nuestras capacidades, de nuestro tiempo, de nuestros bienes. Con esa fuerza de la Gracia podremos muchas cosas que ni nos imaginamos o que parecen muy lejanas o imposibles.

¡Que la Virgen María, Nuestra Señora de Fátima, nos acompañe y fortalezca en esta etapa para celebrar la Pascua con un corazón renovado y “aireado”!

Un abrazo y mis oraciones.

Padre Guillermo.