Encíclica LUMEN FIDEI de Francisco
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Demasiadas preguntas

¿Qué sentido tiene la vida?, ¿qué sentido le das vos?, ¿qué sentido te presenta el mundo en general?, ¿para qué vivir?, ¿qué es ser feliz?, ¿alguien lo es?

¿Escucharon estas preguntas alguna vez?, ¿se las hicieron ustedes mismos? No, ¡no puede ser!

Todo hombre pensante en toda la historia de la humanidad, y aún hoy, se cuestiona sobre esto, y muchas veces, según las etapas de la vida que va transitando.

A veces llega a conclusiones aceptables para si, otras se queda enredado en la respuesta o en la nebulosa.

Todos tenemos ansias de felicidad, y por eso las respuestas son importantes en este camino, aunque podemos pasar por miedos y angustias, frente a algunas alternativas.

Pero….Hay alguien que vino y que viene a ayudarnos, a iluminar el camino para que muchas sombras que se pueden presentar como monstruos aterradores se conviertan en esplendidos árboles, dignos de ser admirados y no temidos, cuando les da la luz adecuada.

Si. Ese que vino y viene es Jesús, Dios hecho hombre habitando entre nosotros, conviviendo con nosotros, es más, entrando en profunda intimidad y comunión con cada uno, para rebelarnos lo que somos y a lo que estamos llamados a ser.

Comenzamos el tiempo de Adviento, preparación para la Navidad, tiempo corto, 27 días nomás (entre exámenes, cierres de actividades, preparación de fiestas, de vacaciones, etc), y nos trae la respuesta del Padre para nuestra vida, para nuestras expectativas, para nuestros miedos, angustias, y esperanzas, nos trae el sentido de tantas aspiraciones, y también nos muestra el sin sentido de muchas corridas y búsquedas.

Jesús quiere volver a nacer en la Iglesia, en el país, en el corazón de cada uno de nosotros para volver a darnos el mensaje de esperanza para nuestra vida, el único mensaje que no defrauda y que nos permite encontrar el sentido hasta el dolor, la muerte, el desprecio, el fracaso ante el mundo.

Jesús no va a venir con ruido, con adornos dorados, con campanas,…ni con regalos, ya que el regalo es El mismo y somos nosotros también regalos para nosotros y para los demás.

Jesús vuelve para decirnos que nuestra vida es muy valiosa para nosotros, porque lo es también para el Padre del Cielo.

El nace en una familia llena de amor, que vuelca amor a todos, para recordarnos que crecemos con el amor de nuestra familia, y que con ese amor tenemos para dar a los demás, para no cerrarnos en nosotros mismos, para buscar el bien de los demás, para aprender a perdonar al que nos lastima, para ayudar a los demás a buscar su propio bien, y aún a socorrerlos más si no lo encuentran.

Jesús vuelve a decirnos que todos tenemos un sentido de vida, que tenemos que descubrir (con su ayuda, también, para que sea más fácil, muchas veces), que todos hemos recibidos “talentos” y dones para cumplir y llevar adelante nuestra misión, y que los podemos hacer crecer, con su ayuda.

Jesús nos quiere decir desde el pesebre,… y después desde la Cruz, que el Padre nos ama de verdad, que busca nuestro bien, que no busca el castigo frente a las debilidades, sino todo lo contrario, nos quiere levantar, animar, sanar, alegrar.

Jesús nos vuelve a recordar que si asumimos los compromisos y responsabilidades de la vida vamos a encontrar felicidad, pero, que si intentamos sacarnos de encima todas las responsabilidades, si no somos capaces de reconocer nuestras culpas, si no sabemos pedir perdón, si no queremos esperar un instante frente al dolor, la injusticia, el malentendido, la debilidad o error del otro, no solo no vamos a encontrar felicidad sino que haremos infelices a mucha gente que nos quiere y que también podemos querer, pero que el egoísmo y la necedad nos impiden actuar correctamente.

Preparemos, entonces, nuestro corazón para esta Navidad. Propongámonos pensar, rezar, diez minutos, cinco, cada día para aliviar nuestro corazón de lo que nos inquieta y entregárselo a El, y así llegar a una Navidad en paz, brindando paz interior a los nuestros, recibiéndola de ellos y desparramándola a nuestro paso.

Que la Virgen María, Nuestra Señora de Fátima, nos anime y aliente a vivir este Adviento como una verdadera preparación de toda la familia para vivir una Navidad nueva con el deseo de dejarnos tomar de la mano por Jesús, para caminar con El.

Un abrazo y mis oraciones.

Padre Guillermo.