Encíclica LUMEN FIDEI de Francisco
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Juntos a la Asamblea

Muchas veces anunciada, aunque no muy esperada, ya se acerca nuestra Asamblea Parroquial.

Será una buena oportunidad  para escuchar y compartir inquietudes, miedos, esperanzas

y deseos sobre la familia, como apuntalarla, como ayudar a los jóvenes a construirla, como acompañar a las familias en dificultades.

Los que la estamos preparando no seguimos preguntando cómo hacer para que todos se sientan involucrados, para que descubran que es un tema apasionante y necesario para todos.

Cómo lograr que desde los jóvenes hasta los mayores participen el 15 de octubre con sus ideas, propuestas e interrogantes, porque de ahí podremos lograr muchas cosas para nuestra comunidad y cada uno de los integrantes.

Todos vivimos en familia, más o menos numerosa, con más o menos problemas, con algunos logros alcanzados, otros que perduran y otros que se esfumaron.

Vivimos en un mundo que nos quiere mostrar caricaturas de familia como una posibilidad de alcanzar felicidad.

Estamos rodeados de situaciones de intolerancia, desconfianza, egoísmo, inmadurez, mentira que llevan a la destrucción a muchas familias.

En la “era” de la comunicación descubrimos lo difícil que resulta comunicar sentimientos, anhelos, deseos, miedos, pensamientos, aún en personas que se aman y han puesto su vida en común. Vemos que lo que antes eran palabras de encuentro, metas de convergencia se han transformado en elementos separadores, disociativos de los matrimonios, que los van alejando cada vez más entre si, hasta dejarlos imposibilitados de entenderse, de tener una mirada común..

Vemos hermanos mayores que eran un ejemplo de solidez, de luchas y de logros para los menores, desmoronarse y arrastrar a los otros en su caída.

Sin duda, que el deseo de un hombre y una mujer de unir sus vidas para siempre para formar una familia, sigue estando en lo interior de cada uno, porque así fuimos creados, con esa necesidad de completarnos, aunque se busquen “pruebas” de unión alternativas, menos “comprometidas”, “menos dolorosas ante fracasos”, pero lo que se busca, en definitiva, es lo mismo aunque se intente sufrir menos, y si se termina se vuelve a intentar con otra persona.

De aquí que necesitamos fortalecer las raíces de esa búsqueda con elementos contundentes que ayuden a preparar bien el matrimonio, la entrega de ambos, la búsqueda de la felicidad del otro como elemento distintivo de esta unión, la noción que la felicidad se va construyendo día a día y que los tropiezos o desencuentros la pueden fortalecer y no destruir, la experiencia que lo normal, en cualquier estado de vida, no son las emociones intensas sino la quietud de lo cotidiano y que lo intenso aparece muy de vez en cuando, que el realizarse de cada uno estará en cumplir la misión propia y no los títulos, aplausos o medallas profesionales que se puedan obtener, y por supuesto, mucho menos como competencia dentro del matrimonio.

No se trata de proponer que se viva sin aspiraciones a crecer, todo lo contrario, el  asunto es descubrir hacia adonde hemos puesto la mirada. Si hacia la persona, la familia, el amor, la paz, la solidaridad, la caridad, la alegría, el esfuerzo, la recompensa sana que no aplasta a los otros, la capacidad de comprender, aceptar y perdonar, la posibilidad de equivocarse y levantarse, la sabiduría de saber que no se va a saber todo y que nadie es el mejor….o

la idea de éxitos, bonus, medallas, cuentas corrientes que acumulen sin distribuir, propiedades más aparatosas, o también, estar rodeado de gente que nunca te diga que te equivocás por miedo a tus enojos, que no está de acuerdo con tu parecer, que no te pueda demostrar cariño y aprecio sino solo temor o lejanía, que nunca puedas aprender de otro porque siempre sabés todo. Quizás así se “triunfa” pero para qué.

Hagamos un esfuerzo el sábado 15 y participemos con nuestra riqueza, aunque parezca poca, pero todos saldremos enriquecidos.

Qué la Virgen María, Nuestra Señora de Fátima, nos anime a caminar juntos para ayudarnos todos, como Comunidad de hermanos en Cristo.

Un abrazo y mis oraciones.

Padre Guillermo.