Encíclica LUMEN FIDEI de Francisco
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La Pascua nos renueva

¡Hemos celebrado la Pascua del Señor, una vez más!

¡Todavía resuenan los Aleluyas, Glorias y Hosannas!

Todo es júbilo en la liturgia, en la Iglesia porque Cristo ha resucitado por nosotros y nos ha dado una vida nueva, una vida que no se termina, es eterna. Nos ha reconciliado con el Padre, nos ha perdonado de nuestros pecados, nos ha curado de la peor enfermedad y opresión. ¡Estamos salvados!

¿Experimentamos esta alegría en nuestro corazón? ¿Celebramos de verdad esta Pascua?

¿Nos sentimos salvados?, ¿seguimos igual que hace una, dos, semanas?, ¿qué nos pasa?

A veces el cúmulo de preocupaciones, angustias, desilusiones, tristezas, proyectos, ambiciones, desenfrenos, nos impiden ver más allá de nuestras ideas. Si creemos que lo que pensamos es lo único real y que todo lo demás o son pavadas o son cosas muy exteriores, nos estamos perdiendo lo mejor de la vida, nos estamos perdiendo lo que enriquece nuestro interior y nos permite ser más persona, nos estamos perdiendo lo que le da sentido, orientación y sustento  a nuestra vida.

Como dice San Pablo: “si Cristo no resucito vana es nuestra Fe, vana nuestra Esperanza…pero como Cristo Resucitó verdaderamente nuestra Fe está bien fundada…”, y ahí se apoya nuestra vida, nuestros pensamientos y proyectos. No nos apoyamos en lo que tenemos, en lo que logramos de éxitos, en cuanto nos consideran, en que estudiamos o que títulos tenemos, en nuestra salud, en nuestro físico, en nuestra elocuencia, en nada de eso. Nos apoyamos y sostenemos en saber que tenemos un Padre Celestial que nos creó por amor, en su Hijo, que por amor, nos salva de nuestras miserias y nos llama a la vida eterna, y en el Espíritu Santo que nos anima a vivir como hijos del Padre, nos fortalece y acompaña para poder transitar por el camino que nos muestra Jesús. También nos sostiene el saber que la Virgen María y los Santos vivieron esta certeza, atravesaron dificultades y sufrimientos, pero se supieron muy en manos del Padre y eso les dio fuerzas.

No dejemos que la falta de valores del mundo nos atrape, no dejemos que la falta de justicia, de moral, de compromiso, de esperanza, de verdad nos arrastre al pesimismo, no dejemos que los ataques a la Iglesia, a los cristianos, a las familias, al esfuerzo, a la solidaridad, a la honestidad nos estanquen o nos hagan perder la visión de por donde está el bien.

Celebramos antes de la Pascua, la Cruz del Señor, su aparente fracaso, quedó solo…sin embargo su sacrificio hasta el fin, su entrega por la verdad, su compromiso asumido con todo su ser lo lleva a la Resurrección, y ese es su fin: LA ETERNIDAD DE GOZO, AMOR Y ALEGRIA SIN FIN.

Preparémonos con la alegría de la Pascua a ir haciendo de esta Tierra algo más parecido al Cielo….y no colaboremos para que se parezca más al Infierno (envidias, odios, rencores, luchas, soledad, etc., etc.).

¡Que la Virgen María, Madre del Resucitado, sea nuestra guía en este caminar!

¡¡¡¡MUY FELICES PASCUAS!!!!

Un abrazo y mis oraciones.

Padre Guillermo.