Encíclica LUMEN FIDEI de Francisco
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Esperanza en la conversión

Fin del tiempo de vacaciones, de descanso, o de algunas obligaciones. Retomamos las actividades habituales del año, y con ellas, también, un tiempo de reflexión y oración como es el de Cuaresma para prepararnos a celebrar la Pascua.

Como todos los años, Cuaresma se nos presenta como un tiempo de crecimiento en la esperanza. Esperanza en la conversión de los pecados, es decir, en la posibilidad que tenemos de reconocer nuestros errores, tendencias, debilidades, y así poder cambiar para dejarlas atrás recibiendo el perdón de Dios y de nosotros mismos. Teniendo esta actitud, también, tenemos que considerar y aceptar que los demás pueden cambiar, “convertirse”, que aunque conocemos sus debilidades, con la Gracia de Dios, pueden mejorar. Si somos capaces de esperar un cambio en nosotros también tenemos que esperarlo en los otros.

Este tiempo es para salir al encuentro de Jesús Resucitado en la Pascua. A los discípulos les costó reconocer a Jesús, porque esperaban algo distinto, algo que se habían imaginado y esperaban. Tuvieron que esforzarse en captar la realidad tal cual era. Muchas veces nosotros esperamos algo de Dios, y nos aferramos tanto a nuestra idea que no somos capaces de “ver” todo lo que nos está ofreciendo el Señor. Por esperar un hecho puntual nos perdemos la realidad del amor de Dios, su ternura y misericordia.

Salir al encuentro del Señor Resucitado significa que nos tenemos que despojar de nuestros planes, para aceptar los de Dios, que tenemos que “salir de nuestro encierro” para dejar que nos colme con su Gracia, que tenemos que salir de nuestras actitudes de pecado y mezquindad para llenarnos de su libertad y verdad, que tenemos que dejar nuestra soberbia y sabiduría para que la humildad y sencillez de Jesús nos transforme.

Junto con todas las mentiras, falsos logros y éxitos, falsa libertad, que el mundo nos quiere hacer creer que son “nuevos valores” y que un pensamiento moderno tiene que vivir, Jesús nos vuelve a traer la Verdad del Padre, Él es la Palabra de Dios, que nos invita a seguir sus enseñanzas eternas, que no cambian porque están dichas para el hombre de todos los tiempos. Él tiene la Verdad, que al mundo le cuesta aceptar, porque Él nos hizo y nos conoce desde lo más profundo de nosotros mismos. Él sabe mejor que nadie lo que nos hace falta, lo que no nos hace bien, lo que nos lleva a la felicidad.

A través de las lecturas de los domingos de Cuaresma podremos reflexionar sobre actitudes importantes a tener en cuenta para nuestra conversión, y durante la Semana Santa podremos reflexionar y admirar lo que Jesús hizo por nosotros  para que nosotros lo podamos vivir, agradecer e imitar.

¡Qué la Virgen María, Nuestra Señora de Fátima, nos anime y acompañe para poder experimentar la alegría de Cristo Resucitado!

¡¡¡FELICES PASCUAS!!!

Un abrazo y mis oraciones.