Encíclica LUMEN FIDEI de Francisco
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¿No hay tiempo?

Corridas, apuros, falta de tiempo, nerviosismo, cansancio…

Empezamos este mes con una sensación de final de año, fin de una etapa, cierre de muchas actividades y compromisos. En muchos se da una aceleración de actividades y tareas, o al menos en las intenciones, para  poder terminar con la impresión de que no se perdió el tiempo. Así se quieren “salvar” materias, parciales, cursadas, o llegar alguna de las metas que se habían fijado para este año y que casi no se hizo nada al respecto. Todo esto puede llevar a postergar ocupaciones o esfuerzos que no pueden dejarse de lado si se quiere tener una vida sana y en camino de santidad y felicidad. La vida de familia, el diálogo, la comprensión y tolerancia, el perdón y la reconciliación, el alimento espiritual a través de la oración, la Eucaristía,  y la Misa del Domingo, la atención al necesitado, al que sufre, el tiempo libre….y así muchos otros aspectos de la vida.

Vivimos en familia, en comunidad, no estamos aislados en un paraje apartado. No podemos pretender detener el ritmo natural de las personas , tareas o cosas, mientras nos ocupamos por entero a un solo tema, enfrascándonos en él .

No se puede hacer en unos días lo que no se fue haciendo durante el año. Quizás hay que aprender a usar mejor el tiempo, las capacidades, la dedicación y esfuerzo, el sacrificio, la postergación de gratificaciones, etc.

Tampoco es  sano pretender  “cerrar” todo para fin de año, ya que hay muchos, la mayoría, de aspectos de nuestra vida que nunca se “cerrarán”, y  el 1° de enero seguirán estando en su lugar y con la misma demanda, aunque no queramos verlos por un tiempo.

Pueden haber muy buenos propósitos que no se pusieron en marcha todavía, y entonces pensar que mejor dejarlos para el próximo año. ¿Por qué?. Si todavía se puede hacer algo, un pequeño esfuerzo, una pequeña acción, un paso. ¿Quién me garantiza que al comienzo del año voy a estar más dispuesto que ahora?.

Cuidémonos unos a otros, cuidemos a nuestra familia, cuidemos a nuestros amigos,….cuidemos, también, a nuestros subalternos o empleados, no exijamos más de lo necesario, meditemos si tiene sentido tanta exigencia con uno mismo y con los demás, por una cuestión de fecha. Llamemos la atención a nuestros seres queridos si los vemos “desbocados”, corriendo demasiado sin sentido….y por supuesto, aceptemos que alguien nos haga caer en la cuenta de nuestras propias actitudes.

No nos quejemos de falta de tiempo, “de todo lo que tengo que hacer y terminar”, si la decisión ha sido nuestra. Mejor, sentémonos unos minutos en estos días, y con serenidad  y sensatez  decidamos  las acciones y tareas importantes a encarar y cuales no merecen tanto apuro o dedicación.

Teniendo esta actitud podremos vivir con más intensidad y alegría el Adviento (como preparación del corazón ), la Navidad y el fin de año.

¡Que la Virgen María, Nuestra Señora de Fátima, nos enseñe a encaminar nuestros pasos con la serenidad y sabiduría que ella vivió!.

Un abrazo y mis oraciones.

Padre Guillermo.