Encíclica LUMEN FIDEI de Francisco
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Diócesis de San Isidro


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Junto a Él

Dentro de unos días vamos a comenzar una experiencia espiritual importante para todos, tendremos durante un mes el Santísimo Sacramento Expuesto. Esto quiere decir, que estará, sobre el altar en una Custodia, una Hostia (grande) consagrada para que todos los que deseen puedan hacer un rato de Adoración al Santísimo Sacramento, a Jesús verdadera y realmente presente, para alabarlo, darle gracias, pedir perdón, pedir por necesidades propias y ajenas.

Si bien toda oración hecha con Fe es escuchada mucho más lo es la oración realizada frente al Santísimo, ya que es rezar con y a Dios presente en Su Hijo. Además estar en un lugar sagrado nos predispone y ayuda a la oración, a la vez, nos hace recordar y ver que somos Iglesia, comunidad, que no estamos solos, que somos hermanos entre nosotros e hijos de un mismo Padre. Estando de rodillas o sentados mirando al Santísimo nos ayuda a evitar distracciones y a dejarnos conducir por  el Espíritu en el encuentro de oración, que podrá ser en silencio o rezando el Rosario o alguna otra oración.

La Iglesia a fomentado siempre la devoción de la Adoración al Santísimo y la oración frente al Sagrario. Muchos Santos han hablado de ella como momento privilegiado de encuentro y cercanía con el Señor, muchos mensajes de la Virgen (reconocidos oficialmente o no) nos invitan y exhortan a rezar frente al Santísimo para obtener gracias especiales y, sobre todo, la conversión de los pecados y del mundo.

Pensemos que la Adoración nos permite entrar en un trato de intimidad y confianza con Aquel que nos conoce más que nosotros mismos y, por eso, podemos descansar en El, abandonarnos en sus brazos, para abrirle más el corazón y encontrar alivio, consuelo, escucha, comprensión, perdón, fortaleza, alegría, empuje, sabiduría, etc.

Nos relacionamos con mucha gente, durante el día, aún con nuestra familia, hablamos, escuchamos, reímos, nos ponemos tristes, pero hay algunos encuentros especiales, en los que se crea una atmósfera  de intimidad, en los que captamos al otro de manera diferente y sentimos también que la otra persona vive lo mismo, se da una verdadera comunicación que va mas allá de las palabras, saliendo enriquecidos y alegres. Esto se puede dar con facilidad en la Adoración al Santísimo, sin esperar, por ello, ninguna aparición ni mensaje especial, es el saber que somos escuchados y comprendidos por Dios lo que enriquece, alegra y nos deja en paz.

Así como vimos y vivimos las Olimpíadas de Atenas, viendo el esfuerzo, sacrificio y constancia de los competidores, su tenacidad para llegar a los Juegos, dejando de lado cualquier otra cosa, también nosotros hagamos un mínimo esfuerzo para alimentar nuestro espíritu, practiquemos la oración con constancia y el premio será, mucho más que una medalla de oro, un corazón gozoso, una mirada más atenta a los demás, y una necesidad de hacer el bien a nuestro alrededor.

¡Intentémoslo!.

Que la Virgen María, Nuestra Señora de Fátima, nos ayude a transitar este camino de oración junto a su hijo!

Un abrazo y mis oraciones.

Padre Guillermo.