Encíclica LUMEN FIDEI de Francisco
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Es posible

Todavía quedan algunos días fríos por delante, pero después se irá templando el tiempo y comenzará a brotar todo lo que aparentemente está sin vida, muerto. Así es la naturaleza, y así, a veces, somos nosotros. En lo que se ve y sentimos también podemos pasar por situaciones parecidas en lo afectivo, emotivo, en lo espiritual. De pronto comienza a surgir una nueva vida manifestando lo que no se veía.

Por muchas charlas con distintas personas es frecuente pasar por situaciones de “adormecimiento” en la vida espiritual, en el deseo de encontrarse con Dios, de descubrirlo en la vida, de tenerlo presente, de querer hacer algo por los demás y por uno mismo. Frente a este estado, una búsqueda incesante del Señor, de su voluntad, en la oración (sea del tipo que sea), nos va a ayudar a remontar en nuestra fe. Solamente poniéndonos en disposición de escucha lo escucharemos, abriéndole el corazón y la mente El los puede llenar. Recordemos que nuestra debilidad es grande,  a pesar de los buenos propósitos y experiencias, y que la perseverancia y constancia nos cuestan mucho, que sin una ayuda especial del Señor nos estancamos, para retroceder después.

El año se puede hacer largo, después del impulso de la Cuaresma y la Pascua nos queda mucho tiempo hasta la Navidad para esperar tomar un nuevo empuje. Es bueno aprovechar el año litúrgico para fortalecerse, aunque no es el único medio que tenemos a nuestro alcance. Cada semana, al Celebrar el Domingo, estamos haciendo presente la realidad de la entrega y Resurrección de Jesús por nosotros. Estamos recibiendo su palabra y su alimento para fortalecernos en lo cotidiano sin esperar más signos nuevos. Está a nuestro alcance aprovechar estos regalos , que nos vienen del Señor, para regar nuestra aridez, curar nuestras heridas, eliminar con su calor nuestra frialdad (según rezamos en la secuencia del Espíritu Santo) y poder hacer nuestro camino de su mano.

El mundo, nuestro país, nuestra sociedad, necesita de la verdadera presencia del cristiano, que impregne el mundo con el amor, la misericordia, el perdón, la entrega, para hacerlo distinto, transformando los odios, egoísmos, rencores en actitudes de vida.

Como se votó y se vio en la Asamblea Diocesana , es en la familia donde nos nutrimos de los valores esenciales viviéndolos y actualizándolos cada día. Es en la familia donde cada uno debe encontrar su lugar, sus capacidades, sus debilidades. Es en la familia donde se encuentra alivio, consuelo, y ayuda. Es en la familia donde se aprende el dialogo, el compromiso, la tolerancia, la abnegación, el perdón, el esfuerzo, la generosidad, el camino, el vivir la alegría y la tristeza, en síntesis, el amor. Es en la familia donde finalmente se perdonan los errores, se liman las asperezas, se acompaña en la debilidad, se curan las enfermedades, se comparten los logros y los fracasos, etc.

Que la Virgen María, Nuestra Señora de Fátima, cuya Asunción al  Cielo vamos a celebrar el quince, nos guíe como familia para transformar este mundo.

Un abrazo y mis oraciones.

Padre Guillero