Encíclica LUMEN FIDEI de Francisco
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Yo no fui

¡Cuántas excusas, pretextos, acusaciones, sospechas, se lanzan al aire y al papel para no sentirse responsable de nada de lo que pasa en nuestra vida y alrededor!, ¡qué triste que nadie sea responsable por lo que hace, dice o calla!, ya que es una característica del ser humano el ser libre y responsable de sus actos. Tanto se es más libre cuanto se es más responsable de los propios actos y consecuencias, y también se es más feliz.
Lamentablemente en nuestro país, y en el mundo también, se ha perdido u obscurecido el sentido de responsabilidad de los propios actos, y esto lleva, en muchos casos, a situaciones de infelicidad, ansiedad, inseguridad, y enfermedades. El culpar a los demás por lo que yo hice a medias, mal o dejé de hacer, me trae a la larga o corta, un remordimiento, que si es conciente, nos tiene que llevar a cambiar, pero si lo tapamos y no le prestamos atención se manifiesta en infelicidad, etc.
Cuando se ha hecho costumbre el sacarse responsabilidades de encima no se puede asumir algo con responsabilidad sin un gran esfuerzo para sanar y cambiar esta actitud. Se desconfía de todos, se es incapaz de brindar amor y recibirlo, se mide todo lo que se hace para comparar con lo que hacen los otros y encontrar así que nadie nos corresponde, que somos usados, no tenidos en cuenta, todas, en realidad actitudes propias que proyectamos en los demás para no mirarnos y enfrentarnos con nosotros mismos, y por ende, con Dios.
De no mediar alguna ayuda especial del Señor, o una circunstancia muy fuerte, será muy difícil reaccionar positivamente.
Todo esto se ve en las actitudes de los que gobiernan, de los que tienen poder de conducción, de los que informan.....pero también en el actuar cotidiano en la familia, en la calle, en el colegio. Tenemos que ayudarnos a vivir con mayor felicidad en todos los ámbitos de la vida y en todos los niveles y para eso es importantísimo ser responsable de nuestro actos, hacernos cargo de ellos y sus consecuencias, y ayudar y acompañar a los demás a hacer otro tanto.
Lo que pensemos que no podemos pidámoslo al Espíritu Santo, y lo que pensamos que podemos también, para que lo fortalezca. (una buena forma es con la Secuencia del Espíritu Santo , que salió publicada en la pag 4 del Boletín anterior).
¡Qué la Virgen María, Nuestra Señora de Fátima, nos anime a ser dóciles a la acción del Espíritu Santo!
Un abrazo y mis oraciones.


Padre Guillermo.