Encíclica LUMEN FIDEI de Francisco
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Diócesis de San Isidro


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¿Plumas o rocas?

El viento sopla y va para cualquier lado llevando consigo hojas, papeles, plumas, todo lo que se deja arrastrar por él por estar libres, sueltos, no agarrados a un lugar. Esta comparación la podemos hacer de la acción del Espíritu Santo en nosotros y en la Iglesia.
Vamos a celebrar Pentecostés, la Fiesta del Espíritu Santo, y esto nos invita a estar disponibles a su acción suave y silenciosa para que nos mueva de nuestro “sitio”, de nuestras “verdades”, que no son tales, de nuestras posturas de comodidad, de dejar para “más adelante”, para no hacerlo nunca, de nuestros deseos de encontrar más a Dios, para nunca disponernos a escucharlo, de acomodar las situaciones a nuestro gusto o placer, para después quejarnos.
El Espíritu Santo es el amor de Dios en nuestro corazón, es Dios mismo que nos moldea desde lo más profundo de nosotros mismos, si lo dejamos, es la fuerza de la Gracia actuando y transformándonos. ¡Cuántas cosas y situaciones nos inquietan, nos preocupan, nos lastiman, nos hacen perder la confianza, la seguridad, la esperanza...!. Si estuviéramos más disponibles a Su acción....muy distinta sería nuestra vida.
¿Cuántas situaciones de dolor familiar por falta de dialogo, de comprensión, de perdón, de reflexión, se podrían cambiar en entendimiento, en tolerancia, en esfuerzos para mejorar?, ¿cuántos noviazgos llevados de cualquier manera o a la ligera, sin conocerse desde lo profundo, pensando que el sexo soluciona todo, que ya se va a cambiar, sin querer reconocer los errores , debilidades y defectos propios y los del/a novio/a , o haciendo “experiencias previas de convivencia” por el miedo a comprometerse en serio, o hijos traídos al mundo sin el sustento de una familia para recibirlo, sin pensar casi en nada salvo “lo que siento en el momento”, noviazgos llevados al fracaso en muchísimos casos, y matrimonios que se rompen en los primeros años...si dejáramos las puertas del corazón abiertas a la acción del Espíritu Santo muchas se podrían revertir y cambiar muchas tristezas y frustraciones en decisiones acertadas que den gozo, esperanza, una visión y sentido a la vida?.
¿Cuántas búsquedas inútiles de crecimiento económico, de reconocimientos sociales, de felicidad egoísta, de seguridades personales encontrarían un equilibrio y armonía con Jesús y todas sus enseñanzas si nos dejáramos guiar más por el Espíritu de Amor?.
El Espíritu de Consuelo y de Sabiduría espera nuestro si de cada día para elevarnos y llevarnos a la vida ofrecida por el Señor, y que todos deseamos aunque no sepamos buscarla.
¡Que la Virgen María, Nuestra Señora de Fátima, cuya primera aparición vamos a recordar y celebrar el 13, nos guíe para ser más dóciles a la acción del Espíritu!.
Un abrazo y mis oraciones.

Padre Guillermo.