Encíclica LUMEN FIDEI de Francisco
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Que lindo seria

Después del tiempo de vacaciones y descanso, para la mayoría de nosotros, hemos retomado el ritmo y tareas habituales del año. Se puede mirar hacia delante con pesimismo, tedio, etc., o con esperanza. Hemos iniciado el Tiempo Litúrgico de Cuaresma, ciertamente un tiempo de profunda esperanza en la posibilidad de conversión del corazón , sin la cual no tendrían sentido estos cuarenta días de preparación para la Pascua.
La Iglesia nos propone un “tiempo fuerte” para la reflexión, la oración, la privación de cosas superfluas, la generosidad hacia los necesitados. Es decir, un mayor interés y esfuerzo en el crecimiento espiritual, para descubrir, un poco más, el amor infinito de Dios hacia cada uno de nosotros y como podemos ser más dóciles a lo que el Padre quiera mostrarnos.
Las tareas y el ritmo de cada día “no nos dejan” tiempo y ganas para alimentarnos espiritualmente, por un lado, y por otro, no sabemos muy bien como hacerlo. Por lo que a menudo la posibilidad de crecer en el espíritu queda como un buen propósito sin resolver, y así nos vamos debilitando interiormente sin saber por que. Puede ocurrir que en algún momento, me parezca que estoy haciendo y creyendo en algo vacío, lejano, que no me dice nada, no me aporta nada, no me sirve para nada.
El Amor de Dios es lo que nos da vida, y cuanto más nos acerquemos y lo conozcamos más se ensanchará nuestra vida, nuestra capacidad de amar y amarse a uno mismo, más se agrandará nuestra mirada y horizonte, y eso permitirá que disminuya el enojo, el cansancio, las enfermedades, los problemas o dramas que nos hacemos frente a un sinnúmero de situaciones, las fantasías negativas frente al futuro, el egoísmo y el orgullo, la actitud de estar a la defensiva sintiendo ataques de todos lados, etc., etc.
Cuando decimos que el amor transforma a una persona estamos afirmando algo muy cierto, ya que el amor da vida, ¡cuánto más cuando es hacia Dios!¡y sobre todo, desde Dios a nosotros!.
A veces puede asustar estar en silencio y en soledad frente al Señor, pero no temamos que su presencia es de paz, de reconciliación, de ternura, nunca va a ser de reproche y ,menos, de condenación .
Aprovechemos con Esperanza este tiempo especial de Reconciliación con nosotros mismos (nuestro pasado, nuestros errores, nuestras debilidades, nuestras frustraciones y desengaños), con los demás( sus silencios, sus palabras que nos lastimaron, sus actitudes que nos hicieron sufrir, sus formas de ser que no comprendemos o aceptamos), y con Dios(porque a veces lo sentimos lejano, que no nos escucha, que no nos da lo que le pedimos y tanto necesitamos).
Preparemos el corazón y la mente para entrar en la Reconciliación. Usemos, por ejemplo, las lecturas de la Misa de cada día(que figuran en La Hoja del Domingo), para tener algo que nos auxilie en nuestra reflexión, y nos allane el camino para rezar.
¡Que la Virgen María, Nuestra Señora de Fátima, nos ayude para poder llevar adelante este pequeño esfuerzo, y nos haga ver los grandes regalos que recibiremos!
Un abrazo y mis oraciones.

Padre Guillermo.