Encíclica LUMEN FIDEI de Francisco
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¿Nos damos cuenta?

Quizás sin darnos cuenta estamos llegando a mitad del año. ¡Cuántas cosas pasaron y vivimos! ¿Somos conscientes de tanta riqueza?. Aunque algunos hechos o situaciones no hayan resultado buena, siempre es una riqueza el vivir, aprender, adquirir experiencia, descubrir los errores y aciertos, etc. ¡Cuánto para dar gracias a Dios por el don de la vida!.
Estamos por celebrar Pentecostés, la presencia del Espíritu Santo en los Apóstoles, en la Iglesia, en cada uno de nosotros. El Señor nos sigue acompañando y ayudando a través de la acción de su Espíritu en nuestro corazón. Nuestra vida sigue siendo importante porque El está al lado de cada uno , y nos anima a buscar lo mejor, lo que nos hace más plenos, más felices, ...más santos.
No siempre sentimos esa presencia de Dios por el Espíritu, a veces lo sentimos en algún apuro, en algún momento de oración, en la Misa,...pero El nos acompaña en cada segundo, y aunque uno quisiera “escaparse” de El no lo lograría, a lo sumo se escaparía de uno mismo, de su verdad, de su ser más íntimo. Quizás ahí está la mayor fuerza del Espíritu Santo, ayudarnos a ser uno interiormente, a no andar divididos en mil ocupaciones, preocupaciones, proyectos, modos de comportarnos o de hablar(según con quien estemos, o según como pensamos que vamos a “caer” mejor). Muchas veces andamos tan divididos que casi no sabemos quienes somos, ni como tenemos que vivir. Los dones del Espíritu Santo vienen en esta línea, para recomponer lo que el pecado destruye y divide, en nuestro interior, con los demás, y en el mundo.
Por eso decía ¡cuánta riqueza interior hay en nosotros! Y quizás no nos damos cuenta, no sabemos aprovechar lo que el Señor pone en nuestras manos.
Si estamos en el mundo es para hacerlo crecer con la entrega a los demás, con el servicio y la generosidad, con el compartir y aprender a caminar juntos. En esta sabiduría se encierra la única posibilidad de crecer, entonces, de veras. El egoísmo, el cálculo, el encierro o el miedo a darse nos debilita e impide el crecimiento, y aunque parezca otra cosa, nos hace perder lo que habíamos logrado. Nada se puede atesorar y encerrar en alguna caja de seguridad especial, si no se está brindando, entregando y compartiendo la vida , los talentos y los bienes con los demás.
Basta mirar a nuestro país, al mundo y a la historia para descubrir cómo el que se encerró y quiso guardar y acaparar nunca terminó feliz y pleno. Ejemplos....miles. Solo basta detenerse un momento y mirar.
Que el Espíritu Santo inunde nuestro corazón con su fuerza, su vida, sus dones. Pidámosle nos ayude a percibirlo y a dejarlo actuar en nosotros con docilidad.
¡Que la Virgen María, Nuestra Señora de Fátima, nos ayude a abrir nuestro corazón y nuestra mente para caminar a la santidad, a la felicidad!.
Un abrazo y mis oraciones.

Padre Guillermo.