Encíclica LUMEN FIDEI de Francisco
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El Bien tiene más fuerzas

Seguimos viendo y viviendo situaciones , en nuestro país, que nos desagradan, nos hacen sentir mal, nos quitan las esperanzas, y muchas veces, hasta las fuerzas para luchar y contraponer los valores del Evangelio en los lugares y situaciones donde no aparecen.
Sin embargo, pese a todo, el Evangelio, el mismo Jesús, nos muestra como el Reino de Dios va creciendo en el mundo, muy de a poco, y con el esfuerzo pequeño o grande de cada uno y cada día.
El Reino de Dios se va haciendo en nuestra propia vida, por la Gracia de Dios, y la fidelidad a ella, y de allí lo vamos volcando, haciendo presente, en cada situación que nos toca vivir, en cada proyecto que hacemos, en cada opción que tomamos.
Cada vez que somos infieles a la gracia retardamos la presencia del Reino o su crecimiento. Es cierto, que parece que el mal tiene más presencia o fuerza que el bien, pero no es así. El bien es la presencia del amor de Dios entre nosotros, y no hay fuerza más poderosa que ella.
El Señor nos invita de mil maneras a ser verdaderas presencias de su amor entre nosotros, muchas veces decimos "a ser testigos o testimonio viviente en el mundo", y a eso estamos llamados. Cuando , de verdad, respondemos nuestra vida va adquiriendo su verdadero valor, su real estatura y profundidad. No importa si se nos reconoce, en el momento, el esfuerzo realizado para hacer el bien. El mismo bien realizado ya es una gran recompensa que tenemos que valorizar y reconocer .
Hay muchas muestras de la presencia del Reino entre nosotros, y algunas las realizamos nosotros mismos, eso nos tiene que llenar de alegría, aunque exista a su vez el dolor por el mal que se difunde. La alegría por el bien es un valor muy grande que impulsa y da fuerzas para seguir realizándolo. Es importante hacer más hincapié en esto que en lo que falta por hacer, ya que esto último deprime y nos presenta la realidad como un monstruo que nos va a devorar. Vuelvo a decir que el Bien siempre tiene más fuerzas que el mal.
Cada obra buena realizada, cada esfuerzo solidario llevado a cabo, cada palabra o compromiso cumplido tiene la fuerza del amor del Señor, y eso es infinito. También, cada vez que nos oponemos al mal, a la tentación, al no jugarnos, a dejar pasar todo, a que todo sea o de igual, también estamos poniendo esa cuota del amor de Jesús, aunque no nos demos cuenta y nos parezca insignificante nuestro aporte.
Tenemos que saber que mucha gente , y muchos Santos, que hacen e hicieron grandes cosas, en el momento que las realizaban , no les parecía tan importante, y sin embargo, son y fueron hechos que marcaron a otras personas, y hasta el curso de la historia.
Busquemos fortalecernos en los valores que el Evangelio nos muestra. Aprovechemos las armas que nos brinda el mismo Jesús, alimentémonos de la oración, la Eucaristía, el Rosario, y de toda obra buena, y veremos que podemos hacer cosas que ni pensábamos que íbamos a realizar.
¡Qué la Virgen María, Nuestra Señora de Fátima, nos ayude en este caminar y esforzarnos cada día por seguir y hacer presente a su Hijo!
Un abrazo y mis oraciones.

Padre Guillermo.