Encíclica LUMEN FIDEI de Francisco
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Encontró el sentido

¿Cuántas veces en la vida nos preguntamos si lo que estamos haciendo tiene sentido?. En épocas de crisis o incertidumbre, seguramente muchas veces. Y si no le encontramos sentido, ¿qué pasa?,¿cómo reaccionamos?, ¿a quién consultamos?.

No siempre es fácil o posible hallar una respuesta adecuada a nuestros interrogantes más profundos, dentro de nosotros mismos, o aún incluso en el consejo de otros.

Muchas veces la respuesta la tiene Dios, ya que El es el que da el verdadero sentido a las cosas, a nuestra vida, y solo El, que nos manifiesta su voluntad de distintas maneras y valiéndose de muchos métodos.

Cuando ponemos nuestra mejor voluntad y fuerzas, cuando medimos lo que vamos a realizar con detenimiento, cuando preparamos las cosas para lograr un fin, y no se da lo que esperábamos puede producirse una gran desilusión e incertidumbre, y comenzar una búsqueda de ¿por qué?¿por qué a mi?¿qué hice mal?¿qué hice de malo?, etc.

Somos libres y los demás, también, y en ese juego de la libertad no siempre coincidimos. Los intereses se chocan y contraponen. Hacemos sufrir y nos hacen sufrir, a propósito o sin pensarlo.

Solamente el que es Sabio, el que sabe esperar, el que acepta el error, el que tolera y perdona el error ajeno, el que es capaz de brindarse a los demás, no porque le sobra el tiempo o carece de problemas, ése está en camino de comprender, descubrir y aceptar la voluntad de Dios. Es capaz de descubrir el sentido de las cosas y los acontecimientos. Es capaz de aceptar a los demás como son y amarlos así, sin pretender cambiarlos.

De esa manera la vida se presenta como un gran desafío de amor y no un campo de batalla en el que me tengo que defender, en el que los otros me atacan, en que conspiran para hacerme daño, en el que nunca podré ser feliz.

La vida es un regalo de Dios, que nos confía, para que la vivamos hacia El, aún sin entender en muchos momentos, pero confiando en El, apoyándonos en El, y tratando de descubrir Sus huellas para seguirlas. Nos da los medios para que podamos hacerlo, y la fuerza para realizarlo.

El sentido de nuestra vida es caminar hacia la Santidad, transformando el mundo según el Evangelio. Habrá cruces, tropiezos, equivocaciones, felicidad, posibilidad de compartir con los demás, y también, momentos de incomprensión. La Esperanza nos sostiene en las dificultades y nos fortalece para que avancemos.

Estamos por celebrar la Asunción de la Virgen María al Cielo. El triunfo de su vida. Ella vivió muchas incertidumbres a los ojos comunes, y sin embargo, en su corazón, sabía que no la abandonaban, que tenía que guardar las cosas que vivía y no entendía muy dentro de ella y que encontraría respuesta. No le fue fácil, pero lo vivió, y nos marcó el camino a seguir. Ella le encontró el sentido a la vida: hacer la voluntad del Padre, ser su servidora.

Nosotros, también, estamos llamados a ser los servidores del Señor en medio del mundo, en nuestro país, en nuestra familia, en nuestro entorno, llevando el consuelo del Señor con nuestra entrega , generosidad, servicio, compromiso, alegría, paciencia y fortaleza. Si nos disponemos de corazón a vivir así, el Señor nos colmará con sus dones y podremos transformar, lo que esté a nuestro alcance, con un espíritu nuevo.

¡Que la Virgen María , Nuestra Señora de Fátima, nos anime en este gran desafío y nos ayude a alcanzar lo que ella logró!

Un abrazo y mis oraciones.

Padre Guillermo.