Encíclica LUMEN FIDEI de Francisco
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Diócesis de San Isidro


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En Navidad hablamos del Emanuel, "Dios con nosotros", y nos alegramos de la presencia humana de Dios , a través de la Encarnación de su Hijo, entre nosotros, compartiendo nuestra condición y nuestra historia. En Pascua, tras pasar por la Cruz y Muerte de Jesús, recibimos la alegría inmensa de saber que nuestro pecados tienen remedio, "que son perdonados" por el amor misericordioso de Dios. Durante todo el tiempo Pascual fuimos recorriendo con los Apóstoles el cambio que ellos experimentaron por la presencia del Señor Resucitado. La vida Eterna es cierta, es verdadera, es para todos. Jesús la inaugura, pero estamos todos invitados a vivirla.
Ahora hemos celebrado Pentecostés, una nueva presencia de Dios entre nosotros. El Espíritu Santo, el Amor de Dios, vino a quedarse entre nosotros, dentro nuestro, dentro de la Iglesia, para impulsarnos, animarnos, darnos una visión y una vida nueva. Lo que nosotros no podemos ver o hacer, por nuestras debilidades, cobardías, egoísmos, etc., el Espíritu Santo nos ayuda a realizarlo, a cambiarlo. Tenemos la fuerza del Amor de Dios dentro de nosotros, y si lo dejamos actuar podremos realizar obras aún mayores que las que hicieron los Apóstoles en la primitiva Iglesia.
El hombre, cada uno de nosotros, ha sido creado para nutrirse y tener vida en el Amor de Dios y estamos llamados en este mundo a tareas importantes. Nadie existe para nada. Todos hemos recibido la misión de transformar el mundo porque somos hijos del Padre celestial.
El mundo, la época, que estamos viviendo está convulsionada, aturdida, sin rumbo. Nuestro país está en una gran crisis y nosotros somos arrastrados por ella. Sin embargo, y por todo esto, es que como cristianos, seguidores de Jesús que confiamos en El y tenemos un sentido de la vida que no se acaba con lo que vemos aquí, estamos comprometidos para hacer presente la acción del Espíritu en nuestra vida y en el mundo. Tenemos que buscar y pedir la Sabiduría que el Señor nos regala. No podemos permanecer indiferentes, ni encerrados, ni lamentándonos por la situación. Estamos llamados y tenemos la fuerza para vivir y transmitir esperanza, para mirar a nuestro alrededor y cambiar lo que podemos, con esfuerzo y paciencia, para jugarnos por vivir y hacer creíbles los valores que el Evangelio nos presenta como el único camino cierto y verdadero para alcanzar la felicidad, la paz, la seguridad, aún en medio de las incertidumbres que sufrimos. No podemos vivir en Cristo si no crecemos en la preocupación y ocupación por el bien común, por el bien de todos los hombres. No podemos pretender una salvación y seguridad propia si no está ante nuestra mirada el otro como hermano, el país como familia que tenemos que cuidar y proteger.
El Espíritu nos tiene que hacer fructificar en sus frutos que son la caridad, gozo espiritual, paz, paciencia, benignidad, bondad, longanimidad, mansedumbre, fe, modestia, continencia y castidad. ¿Parece tarea imposible?. Para nosotros solos Si, pero son los frutos de la acción del Espíritu, no es algo propio, es la docilidad a Dios..
Con la oración, la Eucaristía y la Reconciliación tenemos los medios para abrir el corazón al Señor y poder vivir como El nos invita a hacerlos. Para ser felices acá y preparar la felicidad Eterna y plena.
¡Que la Virgen María, Nuestra Señora de Fátima, nos enseñe a buscar la docilidad a la acción del Espíritu Santo, como ella supo y pudo hacer!.
Un abrazo y mis oraciones.

Padre Guillermo

Frase para abajo del Aviso de Kansas:
"La grandeza del hombre se mide por la capacidad de ser humilde y agradecido ante Dios y solidario y generoso con sus hermanos"