Encíclica LUMEN FIDEI de Francisco
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HAY POCA ESPERANZA

Comenzamos un nuevo año litúrgico. Nuevamente estaremos celebrando, con toda la Iglesia, los distintos momentos de la vida de Jesús y sus Misterios(es decir, lo que se nos revela desde Dios pero que por nuestra limitación humana no podemos abarcar ni comprender), de la vida de la Virgen María y de los Santos. Todo esto nos coloca frente a la inmensidad de Dios y la fidelidad del hombre, frente a Su bondad y misericordia y nuestra mezquindad e incoherencia.
El Señor, "el siempre fiel", encarnado en María, nacerá entre nosotros para demostrarnos su amor y enseñarnos el sentido que tiene nuestra vida y la de cada hombre, para perdonarnos por nuestros pecados y mostrarnos como tenemos que actuar con los demás, para hacer brillar su rostro sobre nosotros y colmarnos con su Gracia, con su Vida.
Nuestro Obispo nos ha enviado dos cartas para ayudarnos a reflexionar sobre la realidad, su sentido, sus errores y aciertos, y la necesidad de asumir el compromiso de impregnar la cultura con los valores del Evangelio. Los Obispos de Argentina también nos exhortan a crecer en la Esperanza y confianza en el Señor(se publica también en este Boletín). Juan Pablo II, como decíamos en el número anterior, nos llama a "navegar mar adentro" para que nuestra Fe sea firme y profunda y nos ayude a responder con creatividad a este tiempo.
Tenemos muchos recursos para lograr que cada uno, todos y el país valga la pena vivir, y poder desarrollar el ideal de la Santidad, al que estamos llamados y para el que fuimos creados.
El Señor viene al corazón de cada uno para poder nacer nuevamente en esta Navidad y darnos una nueva vida. Así como en cada Eucaristía celebramos su muerte y resurrección y tratamos de hacerla propia y de nutrirnos de Él mismo, así también en cada Navidad tratamos de nacer a una vida nueva con Su Vida. No es una esperanza ilusoria. Es una realidad prometida y realizada por Él.
En tiempos tan desconcertantes, devastadores y de incredulidad de palabras, de compromisos, de promesas...vuelve a brillar la luz de Belén para indicarnos el camino. Se esconde a veces, pero vuelve a aparecer para seguir guiándonos.
En el tiempo que nació Jesús la situación no era fácil. La Virgen María y San José no tuvieron todo el camino allanado y lo transitaron. Tenían la esperanza y certeza de saberse amados por Dios, y esa fuerza les permitió hacer frente a las dificultades para alcanzar la plenitud.
Una vez más permitamos al Señor que nos ilumine y nos cobije, y así en su ternura podamos tener más claridad de nuestros errores para mejorar, de los ajenos para perdonar, y así todos juntos podamos reconstruir y formar la sociedad, el país y el mundo en el que queremos vivir y al que el Señor viene para acompañar y vivirlo desde y con nosotros.
¡Que la Virgen María, Nuestra Señora de Fátima, nos anime a preparar el corazón durante este Adviento y poder llegar a la Navidad con la Esperanza cierta de ser sus hijos queridos con una nueva vida por delante!
Un abrazo y mis oraciones.
¡¡¡Qué todos podamos tener y vivir una Muy Feliz Navidad!!!


Padre Guillermo.