Encíclica LUMEN FIDEI de Francisco
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Diócesis de San Isidro


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¿Con qué fuerzas?

Dudas, incertidumbre, perplejidad, falta de claridad, de metas, de esperanza; cambios frente a lo que conocíamos, hacíamos o pensábamos; valores que parecen no ser verdaderos o apreciados, etc., etc....Nos toca vivir un tiempo de incoherencias y transformaciones, de cambios y replanteos, de propuestas y vacíos, y qué gran desafío para nosotros el asumirlo como un tiempo privilegiado para profundizar nuestra Fe y compromiso.
Juan Pablo II, al terminar el Jubileo de los 2000 años de cristianismo, nos invita a toda la Iglesia a "remar mar adentro", es decir, a penetrar en la riqueza inmensa del Evangelio para hacerlo vida en nuestra vida; nos invita a dejar la seguridad de la "orilla" para conocer la "profundidad" del Misterio de Salvación y la riqueza de nuestra propia vida. Estamos llamados a ser sal de la tierra y luz del mundo, y ¿qué mejor que este tiempo para entregarnos de verdad a la misión que nos fue dada?. El Papa nos empuja a no quedarnos paralizados por el miedo o la incertidumbre frente a tanto cambio, sino, a lanzarnos a la gran tarea de llevar el rostro de Cristo a todos los lugares, situaciones y personas. Rostro que debemos contemplar nosotros mismos, desde las Escrituras, para encontrar la verdad, la justicia, la misericordia, la paciencia, la esperanza. Para encontrarnos con Aquel que nos alimenta con su propio ser, y por ello, nos fortalece frente a nuestras grandes debilidades.
La historia del mundo, y por ende la de la Iglesia, está llena de momentos de crisis y desaciertos, de los que se salen con el empuje de la Cruz y la verdad del Evangelio, con la oración constante y el esfuerzo de cada día, sin desfallecer.
No podemos estancarnos, ni ser indiferentes. No hay que ser tremendista, ni apocalíptico, pero la oportunidad para impregnar el mundo del espíritu de Jesús está en nuestras manos HOY. Lo que pensemos que nuestras fuerzas no alcanzan tengamos la seguridad, porque así lo prometió, que el Señor lo hará crecer con creces, pero con nosotros.
Todos, chicos, jóvenes, adultos y ancianos, tenemos que remar mar adentro en la Barca del Señor, y en su profundidad encontraremos los tesoros que nos están esperando.
Es tiempo de oración, conversión y testimonio de solidaridad y generosidad. Es tiempo de realizar acciones concretas, por pequeñas que sean, que muestren el Rostro de Jesús como signo de su real presencia entre nosotros.
¡ Qué la Virgen María, Nuestra Señora de Fátima, nos guíe para poder seguir los pasos de su Hijo, de los Apóstoles, y de tantos Santos que cambiaron la historia con sus pocas fuerzas, pero con su gran fidelidad al Señor!
¡ Qué la próxima Navidad, que se acerca, nos encuentre llenos de Esperanza y Fortaleza para cumplir con nuestra Misión!
Un abrazo y mis oraciones.


Padre Guillermo