Encíclica LUMEN FIDEI de Francisco
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Diócesis de San Isidro


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Con vida

En cada primavera experimentamos la maravilla de la creación con el reverdecer de las plantas, de los árboles. Vuelven las flores y se produce una explosión de vida a nuestro alrededor. Este regalo que Dios nos hace cada año, y que muchas veces nos pasa desapercibido por estar corriendo o preocupados por muchas cosas, no lo podemos dejar pasar así nomás.
El Señor, cada día de nuestra vida, nos regala, también , una explosión de vida, de Su Vida. Somos sus hijos predilectos, y a pesar de la triste y preocupante situación de nuestro país, no podemos bajar los brazos ni perder la Esperanza. Tenemos dones, capacidades, inteligencia que estamos llamados a utilizar para el bien, propio y mirando con generosidad a los demás. Somos administradores de una riqueza muy grande que tenemos que hacer producir y multiplicar.
En estos últimos meses han surgido muchos temas, que si bien ya estaban en la sociedad, hoy se los ve como prioritarios para solucionar.
Como cristianos estamos llamados y urgidos a ser creativos para permitir un desarrollo del país y de cada persona. Son muchos los que se empeñan en colaborar de modo solidario para paliar y solucionar algunas urgencias. Eso es una bendición. Pero todos tenemos que poner lo mejor de nosotros para evitar lo que nos daña (por muy pequeño que parezca), y construir hacia delante.
Toda manifestación de solidaridad, de misericordia, de perdón, de ternura, de alegría tiene un valor e importancia muy grande a la hora de crecer en la confianza, en la esperanza, en el deseo de cambiar para vivir en la verdad y el bien.
Nadie está excento de aportar su cuota. Sea niño o anciano, sano o enfermo, con abundancia de bienes o sin ellos, con mucha o poca inteligencia todos somos imagen de Dios, y por eso tenemos riquezas interiores, para poner al servicio de nuestra familia, amigos, comunidad y país.
Entre las manifestaciones de la vida de Dios en el mundo, el 8 de septiembre es la fiesta de la Natividad de la Virgen María (nueve meses después del 8 de diciembre, en que celebramos su Inmaculada Concepción). Ella es la expresión más acabada de lo que la vida de cada persona puede alcanzar y ser. Mirémosla a Ella y pidamos nos ayude a ser "los esclavos del Señor" para que con su docilidad podamos irradiar nueva vida a nuestro alrededor.
¡Qué la Virgen María, Nuestra Señora de Fátima, nos anime e impulse para no caer en la tentación del pesimismo y del desgano, sino que con la mirada en alto podamos trabajar con esfuerzo y sin desfallecer para que el Reino de Dios se haga más presente por nuestro obrar silencioso y constante!.
Un abrazo y mis oraciones.


Padre Guillermo