Encíclica LUMEN FIDEI de Francisco
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Comunicarnos es crecer

Estamos en la era de las comunicaciones. Estamos conectados al mundo todo el día, por la televisión, por internet, por los mails, por icq. Y, sin embargo, la comunicación de lo interior, de lo profundo de mí, de mis miedos y alegrías, de mis dudas y certezas, de mi relación con Dios, etc., muchas veces quedan encerrados en mi interior, o a lo sumo charlado con alguien, pero no en su totalidad. Nos cuesta mucho la comunicación desde el corazón. Guardamos enormes tesoros, y al no compartirlos, no nos damos cuenta lo grande y ricos que son; así como, por no compartir dudas, temores, inseguridades, miedos, etc., se van volviendo enormes en nuestro interior, y hasta pueden llegar a asfixiarnos.

El lugar, privilegiado, que Dios nos ha regalado para aprender y crecer en la comunicación, es un ámbito de amor, es la familia. No siempre resulta sencillo este aprendizaje. Es necesario que comience entre marido y mujer, desde el principio, o antes, desde el noviazgo. Frente a la dificultad de salir de uno mismo, de presentarse como uno es y se ve interiormente, de quedar expuesto y pensar que puede quedar en ridículo, de demostrar debilidad y perder la estima del ser amado, se van poniendo excusas y postergando la charla, el diálogo, el compartir hasta que resulta difícil hablar de muchas cosas que fueron quedando dentro, y esto puede llevar a que el amor mutuo vaya perdiendo frescura, espontaneidad, y crecimiento.
Con los hijos la comunicación debe empezar cuando nacen. Se puede pensar que al no entender no sirve para nada, pero lo que se transmite, y sin duda el bebé capta es el cariño, la ternura, la protección, en definitiva, el amor. Con el crecimiento comenzará el dialogo, que, como tal, tiene que ser de ambos lados. Si no se lo escucha, por considerarlo muy chico, o que sus comentarios carecen de importancia, se ira cerrando, perderá confianza, autoestima y seguridad. Será difícil, también, que pueda crecer en la confianza a Dios y con Dios. Aunque frente a estos errores, es posible, que el chico o el joven encuentre un referente con el cual dialogar, perdiendo el mejor, que es la familia.
Es bueno, y fuente de felicidad, hacer todos los esfuerzos posibles para aprender a comunicarnos de verdad. Es importante aprender a distinguir en el diálogo la expresión de ideas o de sentimientos ya que son aspectos distintos de nuestro ser, de nuestra personalidad, y ambos hacen a la comunicación. También hay que aprender a conocer o reconocer lo que se quiere decir cuando, aparentemente, se está diciendo otra cosa.
La familia es el lugar de aprendizaje, de práctica y de corrección por ser el lugar donde están los sentimientos primeros, los recuerdos y vivencias comunes de todos los integrantes.
Pidamos al Espíritu Santo nos ilumine en esta tarea primaria y primordial de nuestra vida, para poder servir mejor a nuestros hermanos, y poder transmitir, así, el amor de Dios en toda su riqueza.
¡Qué la Virgen María, Nuestra Señora de Fátima, discípula y maestra de su Hijo, nos ayude a comunicarnos entre nosotros y con nuestro Padre!
Un abrazo y mis oraciones.


Padre Guillermo