Encíclica LUMEN FIDEI de Francisco
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Mas confianza en el peregrinar

Hemos celebrado el día de Todos los Santos, y después el de los Fieles Difuntos, la liturgia nos pone, así, frente a la verdad de la vida para que tomemos conciencia de nuestra vida pasajera aquí y eterna después de la muerte.

A los Santos les rezamos pidiendo su intercesión por nosotros, nuestro país y todo el mundo, para que nos ayuden a llegar adonde ellos gozan. Por los Difuntos rezamos pidiéndole a Dios que perdone sus pecados y ya los lleve al gozo de la plenitud “ donde lo veremos cara a cara”.

Así nuestro caminar en esta tierra tiene todo el ingrediente de lo tangible, visible y conocido, la Eternidad, aunque no sabemos como va a ser, es una realidad que sabemos que existe, que es verdadera y que Jesús Resucitó y nos mostro esa verdad.

Esta vida que vivimos es preparación para la eterna y por eso la tenemos que vivir descubriendo la Voluntad de Dios sobre nosotros y como vivirla con la mayor plenitud, entrega y gozo. Sabemos que todo lo que aquí hagamos y vivamos “queda escrito en el libro de la vida”, y por eso gozaremos y pediremos perdón por nuestros aciertos y errores.

Hay un cierto temor generalizado sobre la propia muerte, o porque no se quiere sufrir en la enfermedad, o porque se tiene temor ante lo desconocido, o porque se tiene miedo de perder el control de la vida o porque se duda de la gran Misericordia del Señor. No debemos olvidarnos nunca que el Señor murió y Resucitó para darnos vida y vida eterna, y esa seguridad se tiene que transformar en una gran confianza, en el momento de la muerte, que seremos recibidos por los brazos misericordiosos del Padre Celestial, y que viéndolo nos llenaremos de un gozo y amor inconmensurable, que todo lo de acá nos parecerá una pompa de jabón, que ahora está y a los segundos desaparece.

Estamos llamados, por lo tanto, para hacer de esta tierra un lugar que refleje lo mas posible el Cielo, dentro de los grandes límites que eso significa, y así lo pedimos cada vez que rezamos el Padrenuestro: que venga tu Reino, que se haga Tu voluntad en la tierra como en el Cielo. Lo rezamos, lo pedimos, pero a la hora de ver nuestros sentimientos, no somos tan conscientes, parecería, de lo que pedimos al rezar.

También nos duele mucho la muerte de un ser muy querido, no importa la edad que tenga, porque sentimos que nos fue arrebatado de nuestro lado, que no era el tiempo adecuado para eso, y así dudamos del reencuentro en la eternidad, en el amor de Dios.

Por todas estas razones es que tenemos que pedirle a Jesús que aumente nuestra fe, nuestra confianza en su bondad y benevolencia, que nos ayude a perseverar siempre en el camino del bien, y como decimos antes de comulgar, que jamás perimta que nos apartemos de Él.

¡Que la Virgen María, Nuestra Señora de Fátima nos ayude y fortalezca en nuestro peregrinar y nos llena de confianza en la Vida Eterna!

Un abrazo y mis oraciones.

Padre Guillermo