Encíclica LUMEN FIDEI de Francisco
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Un aspecto a tener en cuenta

Frente a algún dolor grande, o a una necesidad importante, como trabajo, salud, examen, etc., o a un deseo muy fuerte nos brota la necesidad de rezar, de pedirle a Dios su ayuda, su intervención directa. Pedimos a otros que también recen por ello. Si se consigue lo que se estaba pidiendo, es muy posible que nos olvidemos de agradecer, de percibir la bondad y cercanía del Señor. Si no se consigue  se produce un enojo con Dios, un sentimiento de abandono, de incomprensión, se deja la oración, se genera una desconfianza en volver a ser escuchado.

¿Por qué actuamos así?, ¿por qué no recordamos todas las cosas buenas que nos han pasado últimamente?, ¿por qué no tenemos en cuenta que el Padre envía a su Hijo para salvarnos, sanarnos y curarnos de nuestros males?

¿Cuántos pedidos hechos a la Virgen María, sin importar la advocación que uno considere mas cercana, son escuchados, concretados, realizados? De igual manera ocurre con la intercesión de los Santos.

Tenemos , entonces, muchas muestras del amor misericordioso de Dios y seríamos muy desagradecidos y miopes espirituales, sino perseveramos en la oración, aunque el resultado aparente no sea el esperado. La oración no es solo para pedir o agradecer una gracia concedida, es en primer lugar la manera que tenemos de dialogar con el Padre, con Jesús, movidos por el Espíritu Santo, para alabarlo, reconociéndolo Dios por sobre todas las cosas y personas, alegrarnos por la creación, por su cuidado con nosotros, para pedirle perdón por nuestros errores, nuestros pecados, para pedirle fortaleza y sabiduría  para actuar correctamente, para interceder por las necesidades de otros, aún de los que no nos caen bien pero que necesitan de nuestra oración.

La oración es esencial en la vida del cristiano como alimento, crecimiento, fortalecimiento, abandono en las manos del Padre y su Voluntad. Lástima que teniendo este don tan a mano a menudo se lo deja, o se hace a las corridas como para cumplir y que Dios no se enoje, sin descubrir que somos nosotros y no Dios el que necesita de la oración.

Todavía quedan algunos días de la Exposición y Adoración al Santísimo Sacramento, aprovechemos ese momento que nos ayuda a orar con otra disposición.

¡Que la Virgen María, Nuestra Señora de Fátima, nos anime a retomar o fortalecer y perseverar en el camino de la oración!

Un abrazo y mis oraciones

Padre Guillermo