Encíclica LUMEN FIDEI de Francisco
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Esperanza en medio de inquietudes

Hemos recorrido juntos estas semanas de Cuaresma que nos van preparando para tener un corazón abierto para recibir la enorme alegría de la Pascua, con su gran mensaje de Esperanza, frente al Amor tierno y misericordioso de Dios.
También hemos estado viviendo momentos de crisis en nuestro país, que aún no han concluido, y que pueden llevarnos al cansancio, a la desesperación, a la frustración, al pánico, a la inseguridad, etc. Estas crisis atentan contra la seguridad, la paz y los proyectos que cada uno tiene, espera y se esfuerza en conseguir, y de ahí que nos pueden producir un simbronazo interior que se traduce en nerviosismo, falta de comprensión y tolerancia, abulia y falta de ganas para seguir luchando, carencia de proyectos para el futuro, tristeza y desamparo, especialmente para los mayores, que ven esfumarse el esfuerzo de toda una vida.
Estos desordenes, sin duda, tienen una raíz moral, brotan del pecado que nos invade, y al que nosotros contribuimos, queriéndolo o no.
Por eso el volver a Celebrar la Pascua, y con ella recorrer los momentos esenciales de la vida de Jesús, para desmenuzarlos y comprenderlos mejor, nos tiene que llevar a levantar la mirada, a ensanchar el corazón, a devolvernos la Esperanza de que es posible hacer más presente el Reino de Dios, entre nosotros, con pequeñas actitudes diarias y con gestos y acciones de grandeza, si uno tiene capacidad para influenciar en su ambiente de familia, trabajo, empresa, estudio, amistades, etc.
El pecado, es decir, el desorden interior, el no amar a Dios por sobre todas las cosas, nos va disgregando interiormente, y consiguientemente nos deteriora en la relación con Dios (perdemos el sabernos y sentirnos amados, de verdad, por El, dudamos de su misericordia y poder), y así también nos vamos separando de los demás hasta no sentirlos hermanos, iguales a nosotros, con sus defectos y valores. El resultado es la desconfianza, la duda, los celos, las peleas por cualquier motivo, la falta de diálogo, en definitiva la incomprensión y el encierro en uno mismo, con la imposibilidad de crecer juntos, de ayudarnos, de consolarnos, de luchar para un mismo fin
El Señor pasó por todo este camino, antes que nosotros, para que no dudemos de su comprensión y cercanía. El está cerca, al lado, del que sufre para ayudarnos, levantarnos y mostrarnos el rumbo a seguir.
Los distintos días de Semana Santa, con su particular características de días de oración, de reflexión, de encuentro en la intimidad con Jesús( y por eso no son días para tomarse vacaciones) nos llevan, en un itinerario espiritual, a acompañar al Señor en la Ultima Cena, en su agonía, en la Cruz y en Su muerte, para gozar con El de la Resurrección.
Preparemos el corazón y la mente para aprovechar todo lo que la Liturgia nos ofrece y así poder renacer con Cristo en el corazón
La Esperanza es posible, el Señor la trae.
¡Qué la Virgen María, Nuestra Señora de Fátima, nos ayude a vivir la Semana Santa junto a Jesús, para ser partícipes de su Gloria!
Un abrazo y mis oraciones.
¡¡¡F E L I C E S P A S C U A S A T O D O S !!!

Padre Guillermo..