Encíclica LUMEN FIDEI de Francisco
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Diócesis de San Isidro


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Dolores y Gracias

Fracasos, golpes, desilusiones, sufrimientos, dolores, pérdidas, traiciones, incomprensiones, malos entendidos, agravios, críticas injustas e infundadas, esperanzas no cumplidas, esfuerzos infructuosos o estériles, promesas rotas o pisoteadas, tristeza, abulia, desesperanza y desesperación, soledad, abandonos.

Logros reconocidos, cariño, proyectos verdaderos, sensaciones placenteras y de bienestar, confianza, seguridad, certeza, correcciones bien hechas para crecer, estima, etapas cumplidas con satisfacción y buenos resultados, amistad, alegría, solidaridad, cercanía, reconocimiento de los valores de los demás, alegría por el éxito ajeno.

Entre estos dos grupos de sensaciones, sentimientos, estados de ánimo ¿en cuál me siento mas reflejado? 

Antes de responder hay que tener en cuenta que muchas de las situaciones descriptas pueden haber sido vividas, pero otras sentidas. Depende mucho como nos paremos frente a la vida para experimentar hechos que se presentan como aterradores o como un gran desafío, como agobios o como una posibilidad de fortalecimiento, como un haberme dejado de lado o ignorado, o como una señal de mucha confianza en mi y en mis capacidades.

La historia personal es propia de cada uno, los dolores y satisfacciones y alegrías cada uno lo siente a su manera y según la propia dimensión que se le da a las cosas que pasamos.

En muchas circunstancias hay que recurrir a ayudas de expertos como sicólogos, sicopedagogos, siquiatras etc., algunas otras bastará estar en buena compañía sabiéndose escuchado, no juzgado ni despreciado, para lograr un cambio de mirada, un cambio de ánimo, un recuperar la autoestima.

Dada nuestra fragilidad personal, los embates de la vida, las incertidumbres y dudas, los buenos propósitos que no se llevan a cabo, necesitamos de una ayuda distinta, especial, que no falle. Esa ayuda insustituible nos la brinda Dios, con su Hijo, su enseñanza, su ejemplo, su fortaleza, su entrega por nosotros y su Resurrección que nos abre a la vida eterna, cierta y verdadera, con los Sacramentos que nos fortalecen en nuestro caminar, y con la asistencia del Espíritu Santo, nos acompaña desde dentro de nuestro corazón para que podamos entender nuestra vida y el mundo con una mirada distinta, bajo otra luz, mas clara que no desdibuja la realidad, sino que la hace mas comprensible.

Sabemos que Dios nos ha creado libres, y por eso esta acción del Espíritu tiene que ser buscada y aceptada por cada uno en todo momento.

Hay algunas veces que podemos sentir con fuerza que estamos siendo ayudados o guiados, aunque la mayoría del tiempo no se tiene ese sentimiento.

Si invocamos al Espíritu Santo , y nos predisponemos a dejarlo actuar en nosotros, experimentaremos su amor tierno e incondicional.

Pidamos que en esta fiesta de Pentecostés, con la cual culmina el tiempo de Pascua, podamos experimentar , una vez mas, la venida del Espíritu sobre nosotros y sobre la Iglesia para poder llevar su acción al resto del mundo.

¡Qué la Virgen María, Nuestra Señora de Fátima, cuya fiesta celebraremos el  jueves 13 de mayo, nos ayude a ser dóciles al Espíritu como ella lo fue!

Un abrazo y mis oraciones.

 

                                                                                                Padre Guillermo