Encíclica LUMEN FIDEI de Francisco
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Un gran desafío

Parecería que vivimos en un país, y en un mundo, en el que casi todo se hace mal, o al revés de lo que espera la mayoría de la gente, generando una situación interior de desesperanza, tristeza, y bronca que es muy difícil de revertir, y que además se va autoalimentando haciendo crecer la desesperanza y la tristeza y convirtiendo la bronca en odio, que es mucho peor.

Esta situación y sensación, al perdurar, se va instalando mas dentro de cada persona y trae sus consecuencias en la salud, en el ánimo, en las relaciones interpersonales y en las familias.

Tenemos, sin embargo, remedios, armas y alimentos poderosos para contrarrestar esta etapa del país y de la vida. La vida interior o espiritual es algo que nadie, ni nada, nos puede arrebatar, depende de nuestra disposición para acrecentarla y fortalecerla, y desde ya, de la ayuda de Dios que es incondicional, siempre dispuesto a socorrernos.

A veces podemos acercarnos equivocadamente al Señor, y sufrir una desilusión, cuando pedimos insistentemente por algo, pasa el tiempo y no se produce el resultado esperado podemos sentir que El no nos escucha o que es injusto o que la oración no sirve de nada.

Dios no actúa haciendo milagros todos los días, pero actúa en nosotros fortaleciéndonos

para aceptar y sobrellevar las cruces, sufrimientos, dolores, engaños y frustraciones que atravesamos. Muy a menudo nos da muestras de su presencia y cercanía que a veces nos cuesta descubrir o entender, pero están

Por ser cristianos estamos llamados para vivir con esperanza, que no es una falsa ilusión, sino la certeza que el poder de Dios, su bondad, triunfa sobre el mal, aunque a veces hacemos lo posible para que eso no ocurra.

Alimentarnos espiritualmente es una tarea de todos los días que requiere perseverancia y esfuerzo y, también, paciencia ya que muchas veces no vemos resultados, o no sentimos ningún cambio. Grandes santos pasaron muchos años de su vida sin sentir ningún consuelo o respuesta de Dios, pero perseveraron en el bien porque tenían confianza en que no serían defraudados, así que, ¡cuanto mas nosotros que no somos tan santos!

Tenemos los Sacramentos “habituales” para alimentarnos, la Eucaristía y la Reconciliación, la Misa de cada domingo es un momento privilegiado en que juntos como hermanos rezamos en presencia de Jesús, escuchamos su palabra y nos nutrimos de Aquel que nos salva. También la oración silenciosa de alabanza, acción de gracias, pedido de perdón e intercesión por los demás va acrecentando nuestra capacidad de amar.

Realizar tareas, gratuitamente, por otras personas nos enriquece profundamente, ya que estamos siendo la presencia del amor misericordioso de Jesús para otros hermanos y Él lo devuelve con creces.

Leer libros de crecimiento espiritual, que hay muchos y buenos, o estar en algún grupo de reflexión u oración también ayuda mucho al crecimiento interior, y por lo tanto, a las actitudes que tenemos en la vida.

 Aunque hay muchas cosas mal, hay mucha posibilidad de seguir creciendo espiritualmente, para tener mas fuerza, empuje y creatividad  para influir mas en el mundo, y lograr, así, que el bien se haga mas visible.

¡Que la Virgen María, Nuestra Señora de Fátima, nos ayude a encaminar nuestros pasos para seguir transformando la realidad de nuestro país por los caminos de su Hijo!

Un abrazo y mis oraciones.

                                                                                                       Padre Guillermo