Encíclica LUMEN FIDEI de Francisco
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¿Tanta inestabilidad?

Sacudones y temblores financieros, bancarios, títulos y mas títulos sobre estos temas. Parece hasta imposible mantenerse en calma sin estar viendo las noticias. Desde ya que uno no puede estar aislado de lo que nos rodea, y nos toca.

Si no es este tema es el del petróleo, o el de los granos, o los atentados en cualquier parte del mundo, o los hechos de corrupción a cada momento, o los accidentes trágicos de jóvenes o de familias, o la inseguridad, o el calentamiento global y las tormentas, etc., etc. Resulta muy difícil serenarse, no vivir sobresaltado, y realizar lo de todos los días como lo realmente importante. A veces ocurre que escuchando tantos problemas se comienza a dudar de los verdaderos valores y de lo importante que es mantenerlos o apuntalarlos, hasta se puede pensar que no sirve luchar y esforzarse por hacer el bien, porque todo se puede derrumbar de un momento para otro. Se puede caer en un gran pesimismo, o en quitarle valor a lo que verdaderamente lo tiene, o perderle sentido a la vida, a la esperanza.

El Señor conociendo la debilidad y fragilidad de nuestra naturaleza nos exhorta en cada pagina del Evangelio, y en toda la Biblia, a poner nuestra mirada en Él, a no perder el rumbo de nuestra vida, a no desperdiciarla, porque no se puede volver atrás. Nos invita a no correr de un lado a otro, de preocupación en preocupación, de sobresalto en sobresalto. Nos llama a una vida de mayor reflexión, de mayor intimidad con Él, de mayor apertura a los demás, empezando por la propia familia. Nos llama a establecer lazos mas firmes y no tan volátiles y cambiables con las personas. Nos llama y nos enseña a amar con firmeza, y esfuerzo, con entrega y generosidad.

No podemos vivir una vida de verdadero crecimiento interior si pasamos del amor al odio en minutos, si nos criticamos y juzgamos todo el tiempo, si despreciamos al otro o nos morimos en la ambición o envidia.

No podemos vivir en paz si no somos capaces de perdonar o de pedir perdón, si no estamos dispuestos a ayudar desinteresadamente, si no somos capaces de buscar la reconciliación en vez de la agresión o la venganza.

Si no estamos dispuestos a dialogar con sinceridad sin ser los dueños de la verdad difícilmente podamos establecer vínculos sólidos y verdaderos.

Si nos cuesta mucho creer en las buenas intenciones de los demás y siempre dudamos o suponemos que el otro se aprovecha, o que hace las cosas con maldad, nos iremos encerrando en nosotros mismos hasta el ahogo y la tristeza de vida.

El Señor nos va mostrando el camino, si lo dejamos entrar al corazón, a la mente, a los proyectos, a nuestra vida, y a pesar de todas las situaciones difíciles por las que podamos atravesar tendremos la entereza y la fuerza de seguir por el camino del bien, único que conduce a, y ya nos hace vivir, la felicidad.

¡Qué la Virgen María, Nuestra Señora de Fátima, nos ayude a buscar siempre el camino que su Hijo nos muestra, y que Ella supo recorrer!.

Un abrazo y mis oraciones.

Padre Guillermo.