Encíclica LUMEN FIDEI de Francisco
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Diócesis de San Isidro


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Actitud fundamental

Incoherencias, mentiras, prepotencia, impotencia, exigencias, soberbia, desacreditación de los otros, empecinamiento, inseguridad, frustración, injusticias…..son situaciones, estados de ánimo y valores por los que hemos y seguimos pasando como sociedad.

Pero, mas allá del tema del conflicto, queremos reflexionar sobre algunas de las actitudes que surgieron, o se pusieron de manifiesto, a partir del mismo.

Cada uno de nosotros ve al mundo con sus propios ojos  desde una perspectiva determinada, y por eso hay diferentes visiones, concepciones e interpretaciones de la realidad, que luego llevan a toma de posturas distintas. Como seres humanos estamos llamados a convivir en un mismo mundo, y de ahí la necesidad de un diálogo permanente, como sociedad y también en cada familia, para expresar lo que pensamos y sentimos a partir de nuestro propio análisis de los que nos rodea o vivimos. Al dialogar se crece en la interpretación de la realidad, porque lo que uno ve como importante el otro no lo había tenido tan en cuenta, y en ese intercambio de ideas y pensamientos , si hay honestidad al hablar y escuchar, todos ganan, aunque, también, todos tienen que aprender a ceder un poco en “sus absolutos” que planteaban.

Sin un dialogo serio se cae en el defecto y vicio de la suposición de la postura, pensamiento e intencionalidad del otro, y se va abriendo una brecha tan grande que lleva a enojos irreconciliables, a rupturas de matrimonios, y hasta guerras entre los países. Por eso, una de las formas mas grandes de destrucción, de amistad, de familia, de negocios y de países, es la suposición sin buscar un dialogo, es el enfrascarse en el propio pensamiento sintiéndose el dueño exclusivo de la verdad, es pensar que el otro no está a mi altura, en conocimientos, en habilidades, en virtudes, etc., y que por eso su opinión no merece ser tenida en cuenta, que cualquier dialogo es inútil y una pérdida de tiempo y esfuerzos.

Desde ya, que la actitud de dialogo requiere de mucha paciencia, escucha y buena voluntad, porque cada uno razona de distinta manera, hasta con incoherencias a veces, y si no hay espacio para pensar sino que se está al acecho frente a cualquier traspié, o equivocación, o duda para desprestigiar al otro e imponer así la postura de uno, es imposible avanzar y entenderse, es impensable acortar distancias y hacer las paces, es muy difícil captar algo bueno o positivo en la otra postura e incorporarlo al propio análisis y evaluación del tema.

Como cristianos estamos llamados a buscar el entendimiento, la comprensión y la tolerancia como forma de ir viviendo el Mandamiento de “Ámense los unos a los otros como Yo los amé” , y así ser instrumentos adecuados para la transformación del mundo hacia la unidad y el respeto de todos.

¡Que la Virgen María, Nuestra Señora de Fátima, nos anime a profundizar y crecer en actitud de dialogo con todos y en todas las circunstancias!.

Un abrazo y mis oraciones.

Padre Guillermo.