Encíclica LUMEN FIDEI de Francisco
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Diócesis de San Isidro


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No olvidemos lo que celebramos

Concluimos, este año, hace algunas semanas, el tiempo Pascual, y con él  dejamos de recordar, de manera jubilosa y reiterada, en las oraciones, en los cantos, en las lecturas de las Misas, la Resurrección de Jesús, aunque no por eso silenciamos el Misterio Central de nuestras celebraciones, lo seguimos haciendo presente de manera mas calma.

Cada vez que celebramos la Eucaristía, y especialmente los domingos, estamos haciendo presente, en el altar, que Cristo murió y resucitó por cada uno de nosotros para mostrarnos y acercarnos el amor del Padre, para que no nos sintiéramos solos en ningún momento, para que no estemos desorientados frente a tantos tironeos de pseudo-verdades que nos rodean, para que sepamos, que a pesar de nuestros errores y maldades, el Padre nos ama profunda e intensamente, para que a pesar que lo dejemos de lado en nuestros pensamientos, acciones, palabras o planes, Él siempre está junto a nosotros y nos busca y espera.

¿De cuántas maneras se vale el Señor para que le hagamos lugar en nuestra vida y nos dejemos nutrir por Él?, y ¿de qué cantidad de excusas, mentiras, huidas, nos valemos para escaparnos de su amor, de su presencia de consuelo y fortaleza? . Pero también, frente a alguna urgencia, dolor, desesperación, abandono, ¿ que cantidad de lindas promesas o propósito nos y Le hacemos, para olvidarnos ni bien pasa el mal momento?

A pesar de todo, gracias a su paciencia y amor infinitos, Él siempre está dispuesto a recordarnos y a tratarnos como sus hijos mas queridos , y a seguir mostrándonos que es lo que mas nos conviene en nuestra vida para ir creciendo en sabiduría, en paz, en grandeza y profundidad espiritual, en solidaridad y generosidad con los demás, en la capacidad de no encerrarnos en nosotros mismos, y en nuestros problemas, para poder abrirnos a la ayuda, comprensión, de nuestros hermanos.

Hemos vivido en nuestro país, y lamentablemente es posible que sigan, situaciones difíciles de intransigencia, de soberbia, de orgullo, de patoterismo. Se ignora  el derecho, la opinión, el valor de los demás, casi como si no existieran. Por ello necesitamos volver al Evangelio para limpiar nuestra mirada, nuestras intenciones, nuestros deseos, y ser así fermentos y testigos de unidad, reconciliación y paz en nuestra sociedad, en nuestra familia, y en nuestro interior.

El Señor nos ha regalado la vida para que la vivamos en plenitud y con todos los demás seres humanos, que son nuestros hermanos.

Busquemos juntos la voluntad de Dios y tratemos de ayudarnos para hacerla mas presente en nuestro mundo.

¡Qué la Virgen María, Nuestra Señora de Fátima, cuya fiesta anual hemos celebrado, nos impulse y anime a llevar a su Hijo en nuestro corazón, en nuestra vida, en nuestras acciones!.

Un abrazo y mis oraciones.

Padre Guillermo.