Encíclica LUMEN FIDEI de Francisco
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Esperanza frente al temor

Ya estamos viviendo el ritmo habitual del año. Se terminaron, vacaciones, descansos, disminución de algunas obligaciones y responsabilidades. Volvieron, estudios, trabajos, compromisos sociales, culturales, etc., y con ellos, seguramente sin darnos cuenta, retomamos un ritmo de velocidad, apuros, urgencias, que habíamos dejado en Navidad.

Estamos en la mitad del Tiempo Litúrgico de Cuaresma que nos prepara interiormente a celebrar la Pascua (dentro de apenas 20 días) con la gran esperanza de la Conversión interior propia. ¿Pero que significa esto si no lo estamos viviendo, si no lo estamos preparando?.

La Pascua es la gran respuesta del amor misericordioso del Padre que, a través de la entrega total de Su Hijo, nos recuerda  que existe el pecado en nosotros, en el mundo, y que tenemos que pasar por la muerte, pero que hemos sido perdonados y que la vida eterna es una realidad para todos.

Para aprovechar este tiempo, pero sobre todo, para vivir este amor del Padre, tenemos que hacer el esfuerzo de reconocernos débiles y pecadores, necesitados del perdón; tenemos que buscar cuales son los pecados, los errores, que cometemos a menudo para tratar de cambiarlos. Si no hay reconocimiento del pecado no puede haber perdón, y por tanto, no hay Esperanza en nuestra vida.

Jesús, en el Evangelio, nos va mostrando cual es el camino para alcanzar la plenitud de hijos, para vivir en la casa del Padre, para gozar de sus bienes y su amor, de ahí se deriva cuales son nuestras faltas, nuestras omisiones.

No tengamos miedo de reconocer nuestros pecados, no caigamos en la tentación de echar las culpas a los demás para sentirnos libres, porque así caemos en la esclavitud que trae la mentira, el engaño o, lo que es peor, la soberbia de creerse perfecto.

El Señor nos mira con ojos de misericordia, dispuesto a abrazarnos para consolarnos por nuestros errores, no está mirando con un látigo para castigarnos. No perdamos la oportunidad de ser consolados de verdad por el único que lo puede hacer sin esperar nada a cambio, salvo, vernos felices.

Cuando se nos clava una espina duele, y para sacarla y que no se infecte y nos haga mas daño tenemos que pasar por otro dolor, pero es un pequeño dolor o molestia pasajero, porque en seguida llega el alivio, la salud y la espina y sus incomodidades se olvida. Con el pecado ocurre algo similar. Cuando lo reconocemos, cuando nos damos cuenta que hemos dañado a alguien y a nosotros, nos entristecemos, hasta nos avergonzamos, preferiríamos volver atrás y no haber hecho lo que hicimos…..pero eso es imposible. Queda mirar la realidad, aceptar la equivocación, pedir perdón, perdonarnos a nosotros mismos, aceptar el perdón de Dios, que nos lo ofrece a través de la Iglesia, y confiar que con Su fuerza haremos lo posible para cambiar, para estar mas atentos en el futuro, para ser mas misericordiosos con los demás y no condenarlos tanto dentro nuestro.

La Cuaresma nos ofrece el tiempo para reconocer que todo no está en nuestras manos, que todo no está bajo nuestro control y dominio……y la Pascua nos presenta el tiempo de gozo de saber que nuestro Padre nos ama siempre, de saber que nunca nos abandona, que nunca se desentiende de nosotros.¡Vivamos esa Alegría!

¡Que la Virgen María, Nuestra Señora de Fátima nos acompañe para llegar a la Pascua con un corazón convertido!.

¡¡¡¡Muy Felices Pascuas!!!

Un abrazo y mis oraciones.

Padre Guillermo.