Encíclica LUMEN FIDEI de Francisco
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¡Estamos, una vez mas, en diciembre!, ¡qué rápido pasó el año!. Casi ni nos dimos cuenta. Con el ritmo acelerado que llevamos cada día, hay muchas cosas que se nos pasaron por alto, o que dejamos para después, y ahora, ya no alcanza el tiempo, y algunas ni las llegamos a disfrutar por pasar a otra enseguida. Esta conversación, o parecida, seguro que la hemos tenido o escuchado en estos días.

Tratemos de hacer un verdadero esfuerzo, a pesar de estudios, trabajos, ocupaciones que nos están urgiendo, y detengámonos unos instantes. ¿por qué tanta corrida, tantos apuros y urgencias?, ¿por qué tantas “obligaciones que cumplir”, tantos compromisos que atender, tantos logros a realizar?. ¿son todos tan importantes para mi vida, tienen todos la misma urgencia o necesidad?. Seguro que no, y sin embargo nos hemos ido cargando, durante el año, de muchas cosas innecesarias, y hasta perjudiciales.

Tenemos la posibilidad de aprovechar estos días previos a la Navidad para reflexionar sobre el sentido que le estamos dando a nuestra vida, o que la vida misma nos impone sin que lo elijamos, sin que lo pensemos.

El tiempo de Adviento nos llama a pensar en lo que “ está por venir”, y eso es nada menos que volver a celebrar, a hacer presente, que Dios nace entre nosotros para que mirándolo, encontremos, o corrijamos, el sentido de nuestra vida.

Somos hijos de Dios llamados a ser felices, a crecer en las capacidades que nos regaló para ponerlas al servicio de los demás. Estamos llamados a transmitir amor para llenarnos de amor. Estamos llamados a ser misericordiosos con los otros para poder captar y aceptar la misericordia que Dios, y los demás, nos ofrecen frente a nuestras miserias, sombras, debilidades, fracasos. Estamos llamados a aceptarnos como somos, con humildad, para poder aceptar a los demás, sin prejuicios, sin buscar perfecciones, y poder transitar juntos por el camino de la vida.

El Adviento nos invita a una reflexión serena, interna, personal, sobre nuestra vida teniendo en cuenta lo ya vivido, para rescatar lo bueno y tratar de corregir lo que no estuvo bien. Nos invita a reflexionar sobre lo que estamos buscando, queriendo o proyectando, para que podamos ver si realmente es lo que nos conviene, si nos va a hacer felices, a pesar de los esfuerzos que ello nos pueda deparar, si nos va a permitir hacer un mayor bien a los demás o si ese aspecto no lo tenemos en cuenta.

Para que este tiempo de reflexión sea provechoso y no nos encierre en nosotros mismos tiene que ser hecho en clima de oración, es decir, bajo la mirada de misericordia y ternura de nuestro Padre, sabiendo que Él no nos juzga sino que quiere nuestro bien.

Busquemos algún momento en el día, cinco o diez minutos, para entregarnos a la voluntad de Dios, aunque no sepamos cual es, pero que al menos esté el deseo de descubrirla.

Aprovechemos las Misas de estos domingos, que con sus lecturas y reflexiones, nos ayudan a prepararnos para recibir al que ha de nacer en el mundo, en la historia y en nuestro corazón, si lo dejamos.

Preparémonos, entonces para celebrar una Noche Buena en la que el Niño Jesús nos pueda traer el mensaje de amor del Padre para cada uno de nosotros, y para que llevemos al mundo.

¡Qué la Virgen María, Nuestra Señora de Fátima, nos ayude y anime a esperar el nacimiento de Su Hijo, como ella lo supo esperar!.

Para cada uno, y para cada familia de nuestra Comunidad, les deseo una Muy Feliz Navidad, y un buen Año Nuevo, abrazándolos en mi corazón y con mis oraciones.

Padre Guillermo.