Encíclica LUMEN FIDEI de Francisco
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Tiempo de intimidad

Tenemos muchas formas de relacionarnos con las personas, algunas de ellas nos permiten un mayor conocimiento, otras no tanto, algunas casi nada. Lamentablemente en este tiempo de comunicación se da con mas frecuencia la tercera forma.

Cuando la relación interpersonal es de amistad o de amor, en cualquiera de sus grados, se requiere siempre de algún momento de intimidad, que varía en intensidad según la relación que se trate, pero en todas hay un intento de un mayor conocimiento de la otra persona y un deseo de darse a conocer, a poder entrar en lo íntimo del otro y viceversa, a conocer y dejarse conocer en la interioridad, a aceptar al otro como es y sentirse aceptado por el otro sin miedos, sin temores. Desde ya que todo esto es un proceso, un camino, que se va recorriendo en el tiempo, y que requiere esfuerzo, dedicación, interés de ambas partes para seguir avanzando, y sin esto la relación se estanca y tiende a desaparecer, a morir.

Todos nosotros, creyentes en Dios, y en su Hijo Jesucristo, nos relacionamos con Él desde nuestra intimidad, con la diferencia respecto de las relaciones con otras personas, que Él ya nos conoce desde lo mas profundo de nuestro corazón, de nuestro ser. Sin embargo, por nuestra naturaleza, para crecer en el amor a Dios nos tenemos que abrir interiormente a Él, y así lo podremos ir conociendo, también en su intimidad.

Dios se ha dado a conocer al hombre de muchas maneras, y en la Biblia encontramos la principal fuente de este conocimiento. Por medio de la Encarnación del Hijo tenemos la Palabra de Dios entre nosotros. Jesús es la Revelación plena del Padre, por eso dice “ quien me ve a mi ve al Padre”.

Entrar, entonces, en la intimidad con Jesús es la tarea mas importante de nuestra vida, ya que al conocerlo mas al Señor podremos descubrir mejor la voluntad del Padre sobre nosotros, podremos conocernos mejor a nosotros mismos y tener, también, una mirada distinta del mundo, al mirarlo con los ojos de la fe, con la mirada de Dios, imperfecta en nosotros por nuestra debilidad.

Nuestros tiempos de oración, en general, nos resultan difíciles ya que peleamos, en nuestro interior, con la fantasía, la memoria, la imaginación, las preocupaciones cotidianas, las tentaciones, la pereza, el apuro, etc. Sin embargo, y a pesar de estas dificultades el Señor quiere entrar en nuestro interior para alimentarnos, aliviarnos, consolarnos, alegrarnos, escucharnos, y sobre todo darse a conocer, para que lo podamos amar mejor y nos dejemos amar mas por Él.

Una de las maneras que tenemos para rezar es mediante un rato de Adoración frente al Santísimo Sacramento expuesto en la Iglesia. Si uno se predispone para la oración el fruto que se obtiene, de esta manera, es importantísimo. Quizás no se sienta nada sensiblemente al concluir ese rato y sin embargo los frutos permanecen en nuestro corazón.

Durante un mes (del 13 de septiembre al 13 de octubre, de lunes a viernes de 9,30 a 20hs) estará expuesto el Santísimo en nuestra Parroquia para que podamos rezar ante su presencia real y sacramental, viendo la Hostia Consagrada y tratando de descubrir que Él me quiere y yo a Él, que necesito su ayuda, su perdón, su fuerza, su claridad, su cercanía. Descubriendo que puedo reconocerlo como Dios (Alabarlo), que le puedo dar gracias por las infinitas cosas buenas, y no tanto, por las que paso y pasé, que le puedo pedir por mis necesidades , las de mis seres queridos y las de todo el mundo, que le puedo presentar mis debilidades y flaquezas para que Él me sane, me cure de tantas heridas de la vida, y me fortalezca.

Por eso aprovechemos este mes para entrar en la intimidad del Señor y así tomar fuerzas para transformar el mundo con su amor. Lo que para nosotros es imposible para Dios es posible.

¡Que la Virgen María, Nuestra Señora de Fátima, nos enseñe a recorrer este camino de oración junto a su Hijo, en este Aniversario de los noventa años de su aparición en Fátima!.

Un abrazo y mis oraciones.

Padre Guillermo.