Encíclica LUMEN FIDEI de Francisco
Av. Libertador 13.900 (1640) Martínez Buenos Aires -
Argentina Tel. 4508-8501 / 8502 -
pqfatima@fibertel.com.ar
Diócesis de San Isidro


Recordamos que para comunicarse directamemente con la Secretaría se puede enviar un mail a secretaria@fatima.org.ar
¡Si da lo mismo!

¡Con qué mirada distinta, con qué confianza firme, con qué fuerza nueva se encara la vida, los problemas, los proyectos, los contratiempos y dolores, las alegrías, si se encuentra el sentido de la vida, o si simplemente se vive, se pasa de un día a otro simplemente por el paso del tiempo!

Nosotros conocemos el sentido de nuestra vida, porque no lo damos nosotros, sino que lo recibimos de Aquel que creó todo, y a nosotros, a cada uno, por un amor inmenso. Sin embargo, pareciera que no siempre somos conscientes de eso que sabemos, y en lo que creemos. Muchas veces nos sentimos desorientados sobre lo que hay que hacer, lo mas conveniente, lo mejor. Muchas veces actuamos o pensamos sin una verdadera coherencia, entre lo que creemos y lo que hacemos o decimos. Algunas, o muchas, veces elegimos algo sabiendo que no es lo conveniente, no es lo enseñado por Jesús y el Evangelio, y sin embargo lo hacemos igual, como si nuestras acciones no tuvieran importancia, como si todo se pudiera arreglar, si en algún momento tuviéramos ganas de cambiar un daño o consecuencia de alguna acción equivocada. Pero no siempre es posible, o más bien casi nunca, desandar el camino, borrar todas las “huellas” y volver a empezar, porque lo que está hecho ya ha tenido consecuencias que han escapado de nuestro control.

Independientemente de la misericordia de Dios, que todo lo perdona si uno se arrepiente en serio, y de corazón, y ante sus ojos volvemos a ser inocentes, las derivaciones o marcas de nuestras malas acciones, en nosotros mismos, en los seres queridos, y en el resto de las personas, siguen actuando y siguen haciendo daño, en muchos casos.

De ahí que el llamado a ser santos que el Señor continuamente nos transmite, es un llamado para que seamos felices y hagamos felices a los demás, no es una llamada para algunos seres especiales y casi angélicos, es un llamado de amor intenso para que nos dejemos amar por El y moldear según ese amor inmenso, imposible de describir, pero mucho mas fuerte que cualquier amor humano que podamos experimentar, por muy intenso y durable que sea.

Y para transitar este camino de santidad tenemos que tratar de tener una gran intimidad con El, para descubrir el susurro en el que nos habla. Tenemos que ponernos a la escucha, con paciencia y perseverancia, ya que no se consigue de un día para otro sin esfuerzo. Encontrarnos con El en su Palabra, en la oración, en la Eucaristía requiere esfuerzo, preparación, dejar de lado otras cosas. Descubrirlo presente en nuestra vida, caminando al lado nuestro, acompañándonos y ayudándonos, pide un corazón sereno, en paz, no agitado por cientos de imágenes, ideas, palabras. No es imposible ya que el mismo Señor nos dio esa capacidad, aunque nos parezca que no está en nosotros.

Si el Señor nos llama hijos, si nos muestra un camino, si nos enseña como transitarlo, si nos da los elementos para hacerlo, después no nos puede abandonar a nuestras pocas fuerzas para que lo hagamos solos. Sería muy incoherente con El mismo, y eso no puede ser.

¡Qué la Virgen María, Nuestra Señora de Fátima, cuya Asunción  al Cielo vamos a celebrar, nos impulse a seguir este camino que Ella ya transitó, que nos ayude a poder dejar de lado el pecado y a elegir el Bien, como Ella lo supo elegir!.

Un abrazo y mis oraciones.

Padre Guillermo.