Encíclica LUMEN FIDEI de Francisco
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¿En que se piensa?

¿Qué tengo ganas de hacer?,¿qué se me ocurre para hacer ahora?. Esas parecen la preguntas, reflexiones o impulsos que  llevan a actuar a la mayoría de las personas hoy.

Parece raro que alguien se pregunte por  quien es, por lo que está bien, por lo que me va a hacer mejor a mi y a los demás, aunque cueste un esfuerzo o un sacrificio.

Lo instantáneo, lo fácil, la falta de un mínimo esfuerzo pareciera que es lo que rige la conducta y hasta el pensamiento de grandes y chicos.

Lamentablemente se ha perdido el reflexionar sobre el ser, sobre las propias capacidades y carencias, sobre el propio estado de vida y las obligaciones que se derivan de el, y que uno mismo eligió, sobre el bien de los demás o el daño frente a nuestras acciones, sobre el bien mas conveniente frente a determinada situación, sobre el privarse de ciertas cosas, acciones, proyectos porque son destructivas, o no conducen a nada, o simplemente, son solo pérdida de tiempo, esfuerzo, dinero, etc.

En definitiva, lo que está subyaciendo, es la falta del sentido de la propia vida, y la de los demás. ¿Para qué existimos?, ¿Alguien nos creó, y para qué?, o ¿Somos meros productos de la casualidad, y la vida solo importa en cuanto la vemos, la experimentamos, pero que no tiene ninguna trascendencia?. Nuestras acciones ¿Qué repercusión tienen, que importa si uno hace el bien o el mal?, si en definitiva sigo viviendo, entonces ¿quién me juzga, o que me importa?. No se logra descubrir el llamado a la eternidad, con el que todos nacemos, y que le da sentido a todo lo demás, y por tanto, a las consecuencias de nuestras acciones.

No es lo mismo esforzarse por hacer y vivir el bien, que vivir de cualquier manera, y llegado el momento de darse cuenta de las consecuencias de nuestras acciones tratar de cambiar, porque por un lado, no siempre se puede hacer ese cambio, y por otro, lo mal hecho ya está realizado y tendrá consecuencias en uno mismo y en los demás, pérdidas, frustraciones, daños, sufrimientos, abandonos, etc.

En cambio el bien realizado, aunque no sea reconocido por otros, está hecho , ya está en el mundo, y sus consecuencias serán beneficiosas, aunque sea para alguno, y en general , para muchos.

Cuando el Señor nos llama a una vida de felicidad, de crecimiento interior, de plenitud, y nos indica los caminos a seguir, no está haciendo violencia a nuestra naturaleza, a nuestra interioridad, al contrario, nos está iluminando el camino para que no encontremos tantas trabas al transitarlo, sino que, a pesar de los sufrimientos y dolores que sobre vengan, serán los que podemos resistir y no más allá.

La invitación a ser felices y tener una vida de felicidad, entre dolores y contratiempos, es la llamada a ser santos , a la vida Eterna verdadera.

¡Que la Virgen María, Nuestra Señora de Fátima, cuyos noventa años de sus apariciones estamos celebrando, nos ayude y fortalezca para encontrar y poder seguir a Jesús cada día con la alegría de saber que vamos por el camino cierto!

Un abrazo y mis oraciones.

Padre Guillermo.