Encíclica LUMEN FIDEI de Francisco
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Vida eterna aquí

¡Estamos viviendo el Tiempo Pascual!, ¡Cristo Resucitado está entre nosotros y se apareció a los Apóstoles, a la Iglesia, cambiándoles y cambiando nuestra vida!

Pero, como en ese tiempo, nos cuesta reconocer esta verdad, esta realidad. Nos cuesta aceptar que la vida que el mundo nos ofrece, en general, está muy lejos de hacernos felices, de sentirnos plenos, de encontrar el verdadero sentido a los esfuerzos, a los proyectos, a los descansos y diversiones, a las injusticias, a las debilidades con las que convivimos, al sentido solidario que tiene que tener nuestra vida, a la necesidad de estar mas al servicio de los demás, al afán de asegurarnos el presente , el futuro y todo.

Jesús Resucitado nos trae la impensable novedad de acercarnos la vida eterna, que parece tan lejana, y hacerla cotidiana, hacerla sencilla. El come con los discípulos, habla con ellos, comparte tiempos. Así nos está mostrando que la vida eterna, a la que estamos llamados todos, no es para pensarla después de la muerte, sino que es vivirla ya desde ahora. Por eso, en muchas oraciones de la Misa, se nos habla, y le hablamos a Dios, como ya resucitados, aunque, por ahora, en la esperanza y certeza que nos da Cristo, y después, si, ya en plenitud.

Vivir de esta manera nueva que nos trae la Pascua implica tratar de ver, de experimentar, de sentir, que la presencia del Señor al lado nuestro es cierta, y para eso necesitamos serenidad interior, que con el tiempo la iremos extendiendo al exterior en nuestra forma de encarar la vida, en nuestra manera de relacionarnos con los demás viéndolos como iguales a nosotros (con sus inquietudes, su manera de ser, sus miedos, sus errores, sus dudas, sus buenas intenciones, su posible incapacidad de mostrarse tal cual son , su necesidad de ser aceptados, queridos, valorados, etc), entonces  muchas discusiones, peleas, enojos, resentimientos, recelos, habladurías, quedarían suavizadas porque se podría hablar con mayor honestidad, sinceridad, transparencia, y no poniéndonos a la defensiva, como si siempre estuvieran por atacarnos, por dañarnos.

El estar mas disponibles y abiertos a los demás también suavizaría nuestro afán, y hasta compulsión, de tener o lo último, o mas, o lo que consideramos mejor, o que nos diferencia de los demás haciéndonos mas importantes, o mas alejados, o mas inalcanzables. Muchas de esas cosas perderían valor, porque en realidad no lo tienen, y el que le damos, sin darnos cuenta, es porque nos lo han metido, inculcado, sin razón, o por la única razón de que los consumamos.

El ser mas solidarios nos llevaría a aliviar el dolor de muchos, que solos no pueden salir de su situación, y adquiriríamos la alegría de crecer juntos, de brindar y recibir mucho mas .

El camino que Jesús les mostró a los discípulos, y que luego el Espíritu Santo los ayudó a transitar y a transmitírnoslo es lo mejor que podemos descubrir en la vida, es lo que mas felices nos pondrá, es lo que mas persona nos hará.

¡Que la Virgen María, Nuestra Señora de Fátima, cuya fiesta, en estos noventa años de haberse aparecido en Fátima, estamos por celebrar, nos ayude a descubrir lo que ella descubrió en su hijo y pudo vivir con total serenidad, paz y felicidad!

Un abrazo y mis oraciones.

Padre Guillermo.