Encíclica LUMEN FIDEI de Francisco
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No todo es caos

Mentiras, desmentidas, criticas a las palabras y acciones de los demás, humillaciones gratuitas, la fama de los demás puesta en tela de juicio, sospechas de deshonestidad en cualquier lado y situación, dinero y poder obtenido de cualquier manera, carencia de principios elementales de vida y pensamiento, volatilidad e incoherencia en las opiniones, acomodamiento de los hechos según mas convenga para salir “bien parado” ante cualquier circunstancia, falta de reconocimiento de los propios errores y de sus consecuencias. Esa es la sociedad que estamos  viviendo. Esa es la cultura que nos invade en el país y en el mundo. Eso es lo que estamos viviendo, y en muchos casos aceptando y colaborando para que siga por ese rumbo.

Estamos celebrando la Semana Santa, en medio de ese caos que casi nos parece normal, y que nos trae una vida distinta, unos valores que no cambian, una persona que vive la verdad, la transmite y muere mostrándonos que estaba convencido de lo que decía y hacía. Que estaba firmemente seguro que el camino que nos mostraba era el mejor para cada uno, y el único que lleva a la persona a la plenitud, a la felicidad, a la realización consistente de cada ser humano.

Jesús nos fue mostrando el amor del Padre, su misericordia y su preocupación por nuestra vida. Nos fue enseñando que el Padre conoce que somos débiles y pecadores y por eso nos da los elementos que necesitamos para fortalecernos y poder seguir el buen camino.

Jesús nos ayuda a comprender que el Padre sabe que somos infieles muchas veces, que nos alejamos de Él, que elegimos los peores caminos que nos llevan a una gran infelicidad y separación y lucha con los otros. Y como sabe eso, nos muestra que el Padre sigue buscándonos, sigue llamándonos, sigue confiando en nosotros como hijos.

Volver a celebrar la Semana Santa no es repetir palabras, signos y ritos vacíos, sino, que es volver a hacer presente la verdad del amor incondicional de Dios y la posibilidad que tenemos de alcanzarlo y vivirlo. Es darnos una nueva oportunidad para sentirnos, desde lo profundo del corazón, hijos amados y elegidos especialmente no por nuestro amor y méritos, sino por el amor del Padre y los méritos de Cristo.

Vivir cada celebración de la Semana Santa, con el deseo de descubrir lo que el Señor quiere expresarnos y transmitirnos, puede ser un momento único y especial en el año que nos llene de una paz indescriptible, que  nos colme con una alegría que podemos llevar a los demás, que nos ayude a reconocer que a pesar de nuestras debilidades, errores y pecados podemos mejorar, podemos cambiar con la fuerza que nos trae Jesús desde el Calvario, la Cruz y la Resurrección, y podemos así cambiar algo en el mundo, algo dentro nuestro, algo en los que amamos, y también en los que , todavía, no podemos amar.

Preparemos el corazón, la mente, y el tiempo necesario, para vivir estos días como un verdadero encuentro de intimidad con el Señor, con la Iglesia y con nuestros hermanos.

¡Que la Virgen María, Nuestra Señora de Fátima, guíe nuestros pasos para seguir a su Hijo, y poder llegar a la alegría de la Resurrección de la Pascua!

Que todos podamos tener unas muy felices Pascuas.

Un abrazo y mis oraciones.

Padre Guillermo.