Encíclica LUMEN FIDEI de Francisco
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Único camino

Seguimos estando en el mes de Adoración al Santísimo Sacramento Expuesto para nosotros. Todos estos días creo que nos han enriquecido espiritualmente mucho y lo seguirán haciendo y los frutos se irán notando en cada uno, si dejamos actuar al Espíritu Santo en nuestro interior, como un fortalecimiento en la confianza en el Señor, en la eficacia de la oración, en el deseo de hacer el bien, en las fuerzas para tolerarnos mejor, para perdonarnos de verdad, en el reconocimiento de nuestras debilidades y pecados y el deseo de conversión.

La fuerza que nos da el estar en actitud humilde de oración y adoración es de una riqueza infinita…lamentablemente nos cuesta hacer el esfuerzo, nos cuesta hacernos el tiempo, nos cuesta creer de verdad en la eficacia que tiene, porque sus frutos no siempre son visibles en el momento, quizás los descubrimos después de años. La Iglesia que es sabia y “experta en el conocimiento del hombre” nos invita a la Adoración con otro regalo más. Se concede Indulgencia a la persona que está media hora seguida frente al Santísimo Sacramento (Expuesto o reservado en el Sagrario) como una forma de atraernos más a esta práctica de oración silenciosa.

El mundo continuamente nos tironea con apremios, urgencias, decisiones, compromisos, obligaciones, gratificaciones, etc, que en su gran mayoría nos alejan de Dios, o al menos, de ser concientes de su presencia en nosotros, en el mundo y en la historia. Nos hacen olvidar u oscurecer el sentido profundo de nuestra vida, la misión que cada uno tiene en la historia, así nadie nos reconozca, Dios si lo hace y ve nuestras intenciones, nuestros esfuerzos, nuestras pequeñas obras diarias, nuestras caídas y nuestros deseos de levantarnos. Por eso necesitamos tanto de la oración, de este alimento insustituible, que si lo vamos dejando terminamos perdiéndole el gusto, el sentido y la necesidad de tenerlo, hasta que nuestro corazón se vacía del sentido y presencia de Dios para llenarse solo de nosotros mismos, de nuestros deseos y pasiones sin control, de nuestras frustraciones que nos van carcomiendo, de envidias y enojos con los demás, que por no saber como sanarlos, terminan enfermándonos y sin querer lo transmitimos a los demás en prepotencia, en mal humor, en mal trato, en egoísmo, en cerrarse a la Verdad e inventar la propia.

Como venimos diciendo en los últimos boletines, de distintas maneras y con diferentes ejemplos, la oración y la actitud consiguiente de sabernos hijos necesitados de Nuestro Padre, es lo que va a cambiar el mundo, porque es lo que cambia el corazón.

No existe decisión, medida, ley, proyecto, acuerdo del hombre y entre los hombres que transformen al mundo hacia la paz, la generosidad, el cuidado del débil, la preocupación genuina por el otro, la capacidad de compartir, de alegrarse o llorar con el otro, si no va acompañado de un cambio del corazón. Y eso solo lo podremos lograr volcándonos mas hacia el Señor, dejándolo actuar en nuestra vida, escuchando su Palabra y tratando de vivirla.

¡Qué estos días que quedan de Adoración al Santísimo nos impulsen a buscarlo mas, a tenerlo mas presente!

¡Qué la Virgen María, Nuestra Señora de Fátima, nos tome en sus brazos y nos ayude con su ternura a recorrer este camino junto a su Hijo!

Un abrazo y mis oraciones.

Padre Guillermo.