Encíclica LUMEN FIDEI de Francisco
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Las palabras del Obispo y las Fiestas

Queridos parroquianos:

Estamos viviendo en la Parroquia muchos acontecimientos importantes. El pasado 18 de septiembre realizamos la Asamblea Parroquial, y ahora nos esperan las Fiestas Patronales, con su día central el Domingo 10 de Octubre.

Quiero recoger en estas línas las palabras del Obispo en la Asamblea. Constituyen un programa para nuestra Parroquia, y a la vez un aliciente y punto de referencia iluminador para la celebración de nuestras Fiestas Patronales.

En primer lugar, nos ayudó a ubicar nuestra tarea parroquial dentro del contexto del trabajo de la diócesis, de la cual somos parte, y de la Iglesia Universal. Respondiendo al llamado de Juan Pablo II, nos decía estamos disponiéndonos a celebrar los 2000 años del momento en que Dios entró definitivamente en la historia del mundo, a través de la Encarnación de su Hijo Jesucristo.

Muchos festejos se organizan desde diversos lugares y con propuestas de todo tipo. Pero nadie puede distraernos del motivo central de esta celebración. Es un motivo religioso: el momento en que Dios se hizo hombre para redimirnos, compartiendo para siempre nuestra condición humana. La historia se divide en dos momentos, y así se cuentan los años, antes y después de Cristo.

"Nosotros tenemos la marca registrada y nadie nos la puede quitar", decía el Obispo a algunas autoridades civiles que contaban con orgullo todo lo que pensaban organizar para celebrar el año 2000. Por esta razón para que desde el comienzo quede claro el motivo religioso de la celebración todos los Obispos de Buenos Aires y del Gran Buenos Aires se han puesto de acuerdo para organizar un gran acto masivo, que tendrá lugar el sábado 18 de diciembre, en el Obelisco. Ese día se suspenderán todas las Misas y casamientos en todas las Iglesias del conurbano bonaerense, para que todos los sacerdotes y fieles puedan concurrir a la Misa que se celebrará en el Obelisco a las 20 horas. Una gran celebración religiosa pondrá la atención en el verdadero corazón de los festejos del año 2000.

Por otra parte, el Papa declarará abierto el Año Santo que él mismo a proclamado para celebrar este aniversario tan especial del ministerio de la Encarnación en la Misa de Nochebuena en la Basílica de San Pedro, invitando a todos los Obispos del mundo a que lo inauguren en sus diócesis el 25 de Diciembre.

Y ya que el ministerio de la Encarnación tiene como finalidad acercarnos a Dios, de quien nos alejamos con nuestros pecados, que nos separan de Él y de nuestros hermanos, la consigna fundamental que nuestro Obispo nos propone, siguiendo las indicaciones del Papa es vivir este Año Santo, que se extenderá desde el 25 de Diciembre de 1999 hasta el 6 de enero del 2001, como un año especial de conversión, de reconocimiento y de comunión

Volver a Dios, con mayor amor y gratitud, es el objetivo de la conversión para lo cual hace falta el esfuerzo de revisar nuestra vida a la luz del Evangelio y disponernos a abandonar el pecado. La consecuencia inmediata será que podremos reconstruir nuestra fraternidad, herida por nuestros egoísmos, injusticias y olvidos, y podremos avanzar en la reconciliación que resulta tan evidentemente necesaria en todos los ritos de nuestra vida familiar, parroquial y social.

Por eso, nos decía el Obispo, el Año Santo deberá ser una ocasión fundamental para crecer en la comunión que es la tarea fundamental de la Iglesia, llamada a ser signo en instrumento de la comunión con Dios y de los hombres entre sí. Nuestra tarea será siempre, pero especialmente durante el Año Santo, construir la comunión ya que Dios nos ha hecho para la comunión y nos llama a renovarla cada día con nuestra personal conversión.

Refiriéndose a esto, el Obispo nos recordaba, admirado por la múltiple actividad evangelizadora que se realiza en nuestra Parroquia, que quizás no haya mucho más para inventar en nuestra Parroquia. Que nuestro desafío es afrontar lo que generalmente resulta más difícil a todas las comunidades: la perseverancia en los buenos objetivos y propósitos los que tenemos por delante.

En este sentido, nos llamó la atención sobre la misión que le parece que es la más importante para nosotros en este tiempo: simplemente vivir una gran experiencia de comunión entre todos dentro de la Parroquia, y ser testigos en nuestro barrio de lo que nos esforzamos por vivir dentro de la Parroquia, justamente la comunión. Simplemente, ser testigos de amor fraterno y de comunión

Por esta razón el Obispo quiso referirse explícitamente a una sola de todas las actividades de la Parroquia, porque cree que las envuelve a todas. Se refirió de esta manera al Plan Compartir. Tuvo en cuenta, considerándolo una gracia especial, que nuestra diícesis, y en especial nuestra Parroquia, fueron elegidas como lugares en que, en forma piloto, se inició y se puso a prueba el Plan, que después se irá aplicando en todo el país.

Nos recordó que se trata de un Plan impulsado por todo el Episcopado argentino, como una propuesta de conversión para toda la Iglesia. Lo definió como un plan de solidaridad, que intenta crear en todos los fieles un espíritu por todo el Episcopado argentino, como una propuesta de conversión para toda la iglesia. Lo definió como un plan de solidaridad, que intenta crear en todos los fieles un espíritu y una corriente de solidaridad en toda la Iglesia, que deberá llegar e impregnar a todas las personas y a todos los grupos.

Fue muy alentador sentir el apoyo del Obispo a todos nuestros emprendimientos de los últimos tiempos, encaminados a hacer crecer la comunión como un modo de vivir nuestra fe en la Parroquia, donde todos seamos, cada vez, más personas con nombre y apellido, con historias personales que confluyen en un encuentro fraterno, en el que todos nos aceptemos y nos recibimos mutuamente, y servimos a los demás poniendo lo mejor de nuestro corazón

Este espíritu nos invita a vivir las próximas Fiestas patronales como un día de fiesta, un momento de encuentro y de fraternidad, que nos permitirá además hacer un gesto fraterno a través de la Kermesse. Sus frutos los pondremos al servicio de las actividades de Cáritas, compartiendo la alegría y el servicio, en un mismo encuentro de alegía y el servicio, en un mismo encuentro de comunión.

Con mi afecto y bendición

Alejandro W. Bunge

Cura Parroco