Con vida
En cada primavera
experimentamos la maravilla de la creación
con el reverdecer de las plantas, de los árboles.
Vuelven las flores y se produce una explosión
de vida a nuestro alrededor. Este regalo que Dios
nos hace cada año, y que muchas veces nos pasa
desapercibido por estar corriendo o preocupados por
muchas cosas, no lo podemos dejar pasar así
nomás.
El Señor, cada día de nuestra vida,
nos regala, también , una explosión
de vida, de Su Vida. Somos sus hijos predilectos,
y a pesar de la triste y preocupante situación
de nuestro país, no podemos bajar los brazos
ni perder la Esperanza. Tenemos dones, capacidades,
inteligencia que estamos llamados a utilizar para
el bien, propio y mirando con generosidad a los demás.
Somos administradores de una riqueza muy grande que
tenemos que hacer producir y multiplicar.
En estos últimos meses han surgido muchos temas,
que si bien ya estaban en la sociedad, hoy se los
ve como prioritarios para solucionar.
Como cristianos estamos llamados y urgidos a ser creativos
para permitir un desarrollo del país y de cada
persona. Son muchos los que se empeñan en colaborar
de modo solidario para paliar y solucionar algunas
urgencias. Eso es una bendición. Pero todos
tenemos que poner lo mejor de nosotros para evitar
lo que nos daña (por muy pequeño que
parezca), y construir hacia delante.
Toda manifestación de solidaridad, de misericordia,
de perdón, de ternura, de alegría tiene
un valor e importancia muy grande a la hora de crecer
en la confianza, en la esperanza, en el deseo de cambiar
para vivir en la verdad y el bien.
Nadie está excento de aportar su cuota. Sea
niño o anciano, sano o enfermo, con abundancia
de bienes o sin ellos, con mucha o poca inteligencia
todos somos imagen de Dios, y por eso tenemos riquezas
interiores, para poner al servicio de nuestra familia,
amigos, comunidad y país.
Entre las manifestaciones de la vida de Dios en el
mundo, el 8 de septiembre es la fiesta de la Natividad
de la Virgen María (nueve meses después
del 8 de diciembre, en que celebramos su Inmaculada
Concepción). Ella es la expresión más
acabada de lo que la vida de cada persona puede alcanzar
y ser. Mirémosla a Ella y pidamos nos ayude
a ser "los esclavos del Señor" para
que con su docilidad podamos irradiar nueva vida a
nuestro alrededor.
¡Qué la Virgen María, Nuestra
Señora de Fátima, nos anime e impulse
para no caer en la tentación del pesimismo
y del desgano, sino que con la mirada en alto podamos
trabajar con esfuerzo y sin desfallecer para que el
Reino de Dios se haga más presente por nuestro
obrar silencioso y constante!.
Un abrazo y mis oraciones.
Padre Guillermo.