El Bien tiene más
fuerzas
Seguimos viendo
y viviendo situaciones , en nuestro país, que
nos desagradan, nos hacen sentir mal, nos quitan las
esperanzas, y muchas veces, hasta las fuerzas para
luchar y contraponer los valores del Evangelio en
los lugares y situaciones donde no aparecen.
Sin embargo, pese a todo, el Evangelio, el mismo Jesús,
nos muestra como el Reino de Dios va creciendo en
el mundo, muy de a poco, y con el esfuerzo pequeño
o grande de cada uno y cada día.
El Reino de Dios se va haciendo en nuestra propia
vida, por la Gracia de Dios, y la fidelidad a ella,
y de allí lo vamos volcando, haciendo presente,
en cada situación que nos toca vivir, en cada
proyecto que hacemos, en cada opción que tomamos.
Cada vez que somos infieles a la gracia retardamos
la presencia del Reino o su crecimiento. Es cierto,
que parece que el mal tiene más presencia o
fuerza que el bien, pero no es así. El bien
es la presencia del amor de Dios entre nosotros, y
no hay fuerza más poderosa que ella.
El Señor nos invita de mil maneras a ser verdaderas
presencias de su amor entre nosotros, muchas veces
decimos "a ser testigos o testimonio viviente
en el mundo", y a eso estamos llamados. Cuando
, de verdad, respondemos nuestra vida va adquiriendo
su verdadero valor, su real estatura y profundidad.
No importa si se nos reconoce, en el momento, el esfuerzo
realizado para hacer el bien. El mismo bien realizado
ya es una gran recompensa que tenemos que valorizar
y reconocer .
Hay muchas muestras de la presencia del Reino entre
nosotros, y algunas las realizamos nosotros mismos,
eso nos tiene que llenar de alegría, aunque
exista a su vez el dolor por el mal que se difunde.
La alegría por el bien es un valor muy grande
que impulsa y da fuerzas para seguir realizándolo.
Es importante hacer más hincapié en
esto que en lo que falta por hacer, ya que esto último
deprime y nos presenta la realidad como un monstruo
que nos va a devorar. Vuelvo a decir que el Bien siempre
tiene más fuerzas que el mal.
Cada obra buena realizada, cada esfuerzo solidario
llevado a cabo, cada palabra o compromiso cumplido
tiene la fuerza del amor del Señor, y eso es
infinito. También, cada vez que nos oponemos
al mal, a la tentación, al no jugarnos, a dejar
pasar todo, a que todo sea o de igual, también
estamos poniendo esa cuota del amor de Jesús,
aunque no nos demos cuenta y nos parezca insignificante
nuestro aporte.
Tenemos que saber que mucha gente , y muchos Santos,
que hacen e hicieron grandes cosas, en el momento
que las realizaban , no les parecía tan importante,
y sin embargo, son y fueron hechos que marcaron a
otras personas, y hasta el curso de la historia.
Busquemos fortalecernos en los valores que el Evangelio
nos muestra. Aprovechemos las armas que nos brinda
el mismo Jesús, alimentémonos de la
oración, la Eucaristía, el Rosario,
y de toda obra buena, y veremos que podemos hacer
cosas que ni pensábamos que íbamos a
realizar.
¡Qué la Virgen María, Nuestra
Señora de Fátima, nos ayude en este
caminar y esforzarnos cada día por seguir y
hacer presente a su Hijo!
Un abrazo y mis oraciones.
Padre Guillermo.