Juntos
a la Asamblea
Muchas veces
anunciada, aunque no muy esperada, ya se acerca nuestra
Asamblea Parroquial.
Será una buena oportunidad para escuchar y
compartir inquietudes, miedos, esperanzas
y deseos sobre la familia, como apuntalarla, como
ayudar a los jóvenes a construirla, como acompañar
a las familias en dificultades.
Los que la estamos preparando no seguimos preguntando
cómo hacer para que todos se sientan involucrados,
para que descubran que es un tema apasionante y necesario
para todos.
Cómo lograr que desde los jóvenes hasta
los mayores participen el 15 de octubre con sus ideas,
propuestas e interrogantes, porque de ahí podremos
lograr muchas cosas para nuestra comunidad y cada
uno de los integrantes.
Todos vivimos en familia, más o menos numerosa,
con más o menos problemas, con algunos logros
alcanzados, otros que perduran y otros que se esfumaron.
Vivimos en un mundo que nos quiere mostrar caricaturas
de familia como una posibilidad de alcanzar felicidad.
Estamos rodeados de situaciones de intolerancia, desconfianza,
egoísmo, inmadurez, mentira que llevan a la
destrucción a muchas familias.
En la “era” de la comunicación
descubrimos lo difícil que resulta comunicar
sentimientos, anhelos, deseos, miedos, pensamientos,
aún en personas que se aman y han puesto su
vida en común. Vemos que lo que antes eran
palabras de encuentro, metas de convergencia se han
transformado en elementos separadores, disociativos
de los matrimonios, que los van alejando cada vez
más entre si, hasta dejarlos imposibilitados
de entenderse, de tener una mirada común..
Vemos hermanos mayores que eran un ejemplo de solidez,
de luchas y de logros para los menores, desmoronarse
y arrastrar a los otros en su caída.
Sin duda, que el deseo de un hombre y una mujer de
unir sus vidas para siempre para formar una familia,
sigue estando en lo interior de cada uno, porque así
fuimos creados, con esa necesidad de completarnos,
aunque se busquen “pruebas” de unión
alternativas, menos “comprometidas”, “menos
dolorosas ante fracasos”, pero lo que se busca,
en definitiva, es lo mismo aunque se intente sufrir
menos, y si se termina se vuelve a intentar con otra
persona.
De aquí que necesitamos fortalecer las raíces
de esa búsqueda con elementos contundentes
que ayuden a preparar bien el matrimonio, la entrega
de ambos, la búsqueda de la felicidad del otro
como elemento distintivo de esta unión, la
noción que la felicidad se va construyendo
día a día y que los tropiezos o desencuentros
la pueden fortalecer y no destruir, la experiencia
que lo normal, en cualquier estado de vida, no son
las emociones intensas sino la quietud de lo cotidiano
y que lo intenso aparece muy de vez en cuando, que
el realizarse de cada uno estará en cumplir
la misión propia y no los títulos, aplausos
o medallas profesionales que se puedan obtener, y
por supuesto, mucho menos como competencia dentro
del matrimonio.
No se trata de proponer que se viva sin aspiraciones
a crecer, todo lo contrario, el asunto es descubrir
hacia adonde hemos puesto la mirada. Si hacia la persona,
la familia, el amor, la paz, la solidaridad, la caridad,
la alegría, el esfuerzo, la recompensa sana
que no aplasta a los otros, la capacidad de comprender,
aceptar y perdonar, la posibilidad de equivocarse
y levantarse, la sabiduría de saber que no
se va a saber todo y que nadie es el mejor….o
la idea de éxitos, bonus, medallas, cuentas
corrientes que acumulen sin distribuir, propiedades
más aparatosas, o también, estar rodeado
de gente que nunca te diga que te equivocás
por miedo a tus enojos, que no está de acuerdo
con tu parecer, que no te pueda demostrar cariño
y aprecio sino solo temor o lejanía, que nunca
puedas aprender de otro porque siempre sabés
todo. Quizás así se “triunfa”
pero para qué.
Hagamos un esfuerzo el sábado 15 y participemos
con nuestra riqueza, aunque parezca poca, pero todos
saldremos enriquecidos.
Qué la Virgen María, Nuestra Señora
de Fátima, nos anime a caminar juntos para
ayudarnos todos, como Comunidad de hermanos en Cristo.
Un abrazo y mis oraciones.
Padre Guillermo