Comunidad viva
Terminado el Jubileo
del 2000 el Papa Juan Pablo II nos invitó,
a toda la Iglesia Universal, a "Navegar Mar adentro",
es decir, a profundizar nuestro compromiso cristiano
para que el mundo crea en el mensaje de Jesucristo
por el testimonio de sus discípulos, nosotros.
Si vemos nuestro país, y al mundo entero, notamos
la falta de un rumbo sólido y consistente que
mueva a la gente a buscar los valores verdaderos,
los del Evangelio, los únicos que nos van haciendo
"más persona", con mayor dignidad,
con una meta a alcanzar, con deseos de esforzarnos
por conseguirla porque hemos descubierto su real e
inmenso valor.
No hace falta detenerse más en los casos o
bolsones de corrupción, de injusticia, de avaricia,
de mentira, de egoísmo, existen, ya lo sabemos...
y con seguir mirando no solo no ganamos nada, sino
que se transforma en un fantasma que nos tapa, que
nos impide vivir, que nos paraliza y nos quita las
fuerzas. Profundizar en nuestra Fe es el único
remedio que tenemos para transformar esta etapa de
la historia que nos toca vivir. Ya muchas veces, en
la historia de la humanidad, se vivieron tiempos de
crisis, de caos, de relajación de los valores
, y por tanto de las virtudes, y ...tocando fondo
se hizo pie para salir hacia arriba. Cuesta, pero
es posible. Con nuestra sola fuerza e inteligencia
va a ser muy difícil y lento. Si aprendemos
a abandonarnos más al amor del Señor,
para seguirlo, conseguiremos mucho más de lo
que estamos esperando. Abandonarse, por supuesto,
no es cruzarse de brazos y esperar a que El haga todo,
es lo contrario: es descubrir, desde el fondo del
corazón, lo que Dios me y nos está diciendo
que hagamos, que cambiemos, que dejemos, que busquemos.
Nuestra vida es muy importante a los ojos de Dios,
y también lo tiene que ser a los nuestros,
y no podemos llegar a pensar que casi no se puede
hacer nada, que hay que resignarse a seguir así
por mucho tiempo. No. El Señor no dio y da
capacidades y fuerza para ahora, para empezar a cambiar
desde dentro, ya, para ir cambiando al mundo.
Ya lo decíamos el mes pasado. Cada acción
buena hecha con amor es una semilla más del
Reino de Dios que estamos sembrando para que germine,
aunque parezca chiquita, que nadie la ve, a la larga
puede ser un gran árbol que de sombra, cobijo,
frutos. Sembremos, por tanto, sin temor desde hoy,
con la confianza que el Señor hará crecer,
mucho más de lo que podemos esperar, sin la
ansiedad de querer ver el fruto mañana, pero,
si, con la esperanza de verlo algún día,
o quizás que otro lo verá y aprovechará.
Estamos por celebrar, una vez más, nuestras
Fiestas Patronales para honrar a nuestra Madre del
Cielo, la Virgen de Fátima. Ella, cerca nuestro,
nos acompaña en nuestro caminar. Invoquémosla
especialmente en estos días pidiéndole
su protección y que nos ilumine para encontrar
los caminos que el Señor quiere que transitemos.
Pidámosle nos ayude a tener constancia en la
búsqueda del bien y en realizarlo, y sobretodo
a no echarnos atrás frente a los esfuerzos
que tengamos que hacer para conseguirlo.
¡Que podamos celebrar con alegría su
fiesta y en comunidad, compartiendo más nuestra
vida, inquietudes, deseo, dones y talentos!.
Un abrazo y mis oraciones.
Padre Guillermo.