¿No
hay tiempo?
Corridas, apuros,
falta de tiempo, nerviosismo, cansancio…..
Empezamos este mes con una sensación de final
de año, fin de una etapa, cierre de muchas
actividades y compromisos. En muchos se da una aceleración
de actividades y tareas, o al menos en las intenciones,
para poder terminar con la impresión de que
no se perdió el tiempo. Así se quieren
“salvar” materias, parciales, cursadas,
o llegar alguna de las metas que se habían
fijado para este año y que casi no se hizo
nada al respecto. Todo esto puede llevar a postergar
ocupaciones o esfuerzos que no pueden dejarse de lado
si se quiere tener una vida sana y en camino de santidad
y felicidad. La vida de familia, el diálogo,
la comprensión y tolerancia, el perdón
y la reconciliación, el alimento espiritual
a través de la oración, la Eucaristía,
y la Misa del Domingo, la atención al necesitado,
al que sufre, el tiempo libre….y así
muchos otros aspectos de la vida.
Vivimos en familia, en comunidad, no estamos aislados
en un paraje apartado. No podemos pretender detener
el ritmo natural de las personas , tareas o cosas,
mientras nos ocupamos por entero a un solo tema, enfrascándonos
en él .
No se puede hacer en unos días lo que no se
fue haciendo durante el año. Quizás
hay que aprender a usar mejor el tiempo, las capacidades,
la dedicación y esfuerzo, el sacrificio, la
postergación de gratificaciones, etc.
Tampoco es sano pretender “cerrar” todo
para fin de año, ya que hay muchos, la mayoría,
de aspectos de nuestra vida que nunca se “cerrarán”,
y el 1° de enero seguirán estando en su
lugar y con la misma demanda, aunque no queramos verlos
por un tiempo.
Pueden haber muy buenos propósitos que no se
pusieron en marcha todavía, y entonces pensar
que mejor dejarlos para el próximo año.
¿Por qué?. Si todavía se puede
hacer algo, un pequeño esfuerzo, una pequeña
acción, un paso. ¿Quién me garantiza
que al comienzo del año voy a estar más
dispuesto que ahora?.
Cuidémonos unos a otros, cuidemos a nuestra
familia, cuidemos a nuestros amigos,….cuidemos,
también, a nuestros subalternos o empleados,
no exijamos más de lo necesario, meditemos
si tiene sentido tanta exigencia con uno mismo y con
los demás, por una cuestión de fecha.
Llamemos la atención a nuestros seres queridos
si los vemos “desbocados”, corriendo demasiado
sin sentido….y por supuesto, aceptemos que alguien
nos haga caer en la cuenta de nuestras propias actitudes.
No nos quejemos de falta de tiempo, “de todo
lo que tengo que hacer y terminar”, si la decisión
ha sido nuestra. Mejor, sentémonos unos minutos
en estos días, y con serenidad y sensatez decidamos
las acciones y tareas importantes a encarar y cuales
no merecen tanto apuro o dedicación.
Teniendo esta actitud podremos vivir con más
intensidad y alegría el Adviento (como preparación
del corazón ), la Navidad y el fin de año.
¡Que la Virgen María, Nuestra Señora
de Fátima, nos enseñe a encaminar nuestros
pasos con la serenidad y sabiduría que ella
vivió!.
Un abrazo y mis oraciones.
Padre Guillermo.