¿Con qué fuerzas?
Dudas, incertidumbre, perplejidad, falta de claridad,
de metas, de esperanza; cambios frente a lo que conocíamos,
hacíamos o pensábamos; valores que parecen
no ser verdaderos o apreciados, etc., etc....Nos toca
vivir un tiempo de incoherencias y transformaciones,
de cambios y replanteos, de propuestas y vacíos,
y qué gran desafío para nosotros el
asumirlo como un tiempo privilegiado para profundizar
nuestra Fe y compromiso.
Juan Pablo II, al terminar el Jubileo de los 2000
años de cristianismo, nos invita a toda la
Iglesia a "remar mar adentro", es decir,
a penetrar en la riqueza inmensa del Evangelio para
hacerlo vida en nuestra vida; nos invita a dejar la
seguridad de la "orilla" para conocer la
"profundidad" del Misterio de Salvación
y la riqueza de nuestra propia vida. Estamos llamados
a ser sal de la tierra y luz del mundo, y ¿qué
mejor que este tiempo para entregarnos de verdad a
la misión que nos fue dada?. El Papa nos empuja
a no quedarnos paralizados por el miedo o la incertidumbre
frente a tanto cambio, sino, a lanzarnos a la gran
tarea de llevar el rostro de Cristo a todos los lugares,
situaciones y personas. Rostro que debemos contemplar
nosotros mismos, desde las Escrituras, para encontrar
la verdad, la justicia, la misericordia, la paciencia,
la esperanza. Para encontrarnos con Aquel que nos
alimenta con su propio ser, y por ello, nos fortalece
frente a nuestras grandes debilidades.
La historia del mundo, y por ende la de la Iglesia,
está llena de momentos de crisis y desaciertos,
de los que se salen con el empuje de la Cruz y la
verdad del Evangelio, con la oración constante
y el esfuerzo de cada día, sin desfallecer.
No podemos estancarnos, ni ser indiferentes. No hay
que ser tremendista, ni apocalíptico, pero
la oportunidad para impregnar el mundo del espíritu
de Jesús está en nuestras manos HOY.
Lo que pensemos que nuestras fuerzas no alcanzan tengamos
la seguridad, porque así lo prometió,
que el Señor lo hará crecer con creces,
pero con nosotros.
Todos, chicos, jóvenes, adultos y ancianos,
tenemos que remar mar adentro en la Barca del Señor,
y en su profundidad encontraremos los tesoros que
nos están esperando.
Es tiempo de oración, conversión y testimonio
de solidaridad y generosidad. Es tiempo de realizar
acciones concretas, por pequeñas que sean,
que muestren el Rostro de Jesús como signo
de su real presencia entre nosotros.
¡ Qué la Virgen María, Nuestra
Señora de Fátima, nos guíe para
poder seguir los pasos de su Hijo, de los Apóstoles,
y de tantos Santos que cambiaron la historia con sus
pocas fuerzas, pero con su gran fidelidad al Señor!
¡ Qué la próxima Navidad, que
se acerca, nos encuentre llenos de Esperanza y Fortaleza
para cumplir con nuestra Misión!
Un abrazo y mis oraciones.
Padre Guillermo