¿Plumas o rocas?
El viento sopla
y va para cualquier lado llevando consigo hojas, papeles,
plumas, todo lo que se deja arrastrar por él
por estar libres, sueltos, no agarrados a un lugar.
Esta comparación la podemos hacer de la acción
del Espíritu Santo en nosotros y en la Iglesia.
Vamos a celebrar Pentecostés, la Fiesta del
Espíritu Santo, y esto nos invita a estar disponibles
a su acción suave y silenciosa para que nos
mueva de nuestro “sitio”, de nuestras
“verdades”, que no son tales, de nuestras
posturas de comodidad, de dejar para “más
adelante”, para no hacerlo nunca, de nuestros
deseos de encontrar más a Dios, para nunca
disponernos a escucharlo, de acomodar las situaciones
a nuestro gusto o placer, para después quejarnos.
El Espíritu Santo es el amor de Dios en nuestro
corazón, es Dios mismo que nos moldea desde
lo más profundo de nosotros mismos, si lo dejamos,
es la fuerza de la Gracia actuando y transformándonos.
¡Cuántas cosas y situaciones nos inquietan,
nos preocupan, nos lastiman, nos hacen perder la confianza,
la seguridad, la esperanza...!. Si estuviéramos
más disponibles a Su acción....muy distinta
sería nuestra vida.
¿Cuántas situaciones de dolor familiar
por falta de dialogo, de comprensión, de perdón,
de reflexión, se podrían cambiar en
entendimiento, en tolerancia, en esfuerzos para mejorar?,
¿cuántos noviazgos llevados de cualquier
manera o a la ligera, sin conocerse desde lo profundo,
pensando que el sexo soluciona todo, que ya se va
a cambiar, sin querer reconocer los errores , debilidades
y defectos propios y los del/a novio/a , o haciendo
“experiencias previas de convivencia”
por el miedo a comprometerse en serio, o hijos traídos
al mundo sin el sustento de una familia para recibirlo,
sin pensar casi en nada salvo “lo que siento
en el momento”, noviazgos llevados al fracaso
en muchísimos casos, y matrimonios que se rompen
en los primeros años...si dejáramos
las puertas del corazón abiertas a la acción
del Espíritu Santo muchas se podrían
revertir y cambiar muchas tristezas y frustraciones
en decisiones acertadas que den gozo, esperanza, una
visión y sentido a la vida?.
¿Cuántas búsquedas inútiles
de crecimiento económico, de reconocimientos
sociales, de felicidad egoísta, de seguridades
personales encontrarían un equilibrio y armonía
con Jesús y todas sus enseñanzas si
nos dejáramos guiar más por el Espíritu
de Amor?.
El Espíritu de Consuelo y de Sabiduría
espera nuestro si de cada día para elevarnos
y llevarnos a la vida ofrecida por el Señor,
y que todos deseamos aunque no sepamos buscarla.
¡Que la Virgen María, Nuestra Señora
de Fátima, cuya primera aparición vamos
a recordar y celebrar el 13, nos guíe para
ser más dóciles a la acción del
Espíritu!.
Un abrazo y mis oraciones.
Padre Guillermo.