“Airearse”
Al comenzar
el mes de marzo, se retoman muchas tareas que en estos
meses se habían dejado. Este año coincide
este inicio con el de la Cuaresma, un tiempo, cuarenta
días, que la Iglesia vive con intensidad especial
para tratar de encontrarse mas profundamente con Jesús,
y así poder seguirlo mejor, es decir, vivir,
sentir, pensar, actuar como El.
Para vivir este tiempo con frutos es importante hacerse
a la idea de tenerlo presente cada día, y no
sólo los domingos en Misa, o los viernes sin
comer carne. Se nos invita a entrar en el corazón
de Jesús, y dejarlo a El entrar en el nuestro,
con alguna lectura apropiada, con algún texto
del Evangelio o los Salmos, proponiéndose tener
diez o quince minutos de oración privada. Esto
nos puede ayudar para ir descubriendo algún
aspecto de la vida que tenemos que cambiar, mejorar
o dejar. Para descubrir actitudes que molestan, lastiman,
irritan, o perjudican a los que mas quiero, y cómo
puedo cambiar. Para descubrir qué propósitos
hice en el último año y cuáles
llevé adelante o dejé de lado, y con
qué resultados. Para descubrir si mi amor a
Dios es sincero, si ha crecido, o se está apagando,
si lo busco o sólo es un recuerdo nostálgico.
Para tener en cuenta si estoy encarando mi vida según
la Fe, es decir, sabiendo que es un camino hacia la
vida eterna, o me absorben tanto las cosas, problemas,
proyectos que todo lo veo como solo desde acá,
sin levantar la mirada.
La Cuaresma, también, es un buen momento para
rezar en familia, para hablar de la vida a la luz
del Evangelio, para pedirse perdón, para dejar
de lado rencores, para decirse cosas que ayuden a
los demás y que nunca se encuentra el momento
o la oportunidad, muchas veces por temor, por falta
de confianza, por miedo al rechazo.
El Papa Benedicto XVI, en su mensaje de Cuaresma,
nos recuerda los males que sufre nuestro tiempo y
la responsabilidad que tenemos como cristianos de
hacer algo, y no solo lamentarnos por los desastres,
las injusticias, los odios, etc., ya que algunos o
muchos de estos temas son provocados, ayudados o no
cortados por nosotros mismos en las pequeñas
cosas de cada día, que muchas veces no le damos
importancia, pero que ayudan a que la presencia del
Señor en el mundo, en mi mundo, se haga cada
vez mas tenue, mas difusa, mas imperceptible.
Como reflexionábamos el otro domingo, a la
luz del Evangelio, la Conversión de vida es
una necesidad para todos si queremos ser mas felices,
y está ofrecida para todos y es posible para
todos, basta desearla y buscarla que el Señor
nos muestra el camino….después está
en nosotros el aprovecharlo o dejarlo. Y también
es importante reconocer y aceptar que el otro también
puede convertirse de sus errores y que si yo puedo
tengo que ayudarlo a que lo logre, no a ponerle trabas
o dificultades, como a veces pasa en la familia o
entre amigos cuando alguno quiere cambiar llueven
las críticas, las burlas, el dejarlo de lado,
el alegrarse cuando no lo logra, o tiene un traspié…..y
así es muy difícil que crezcamos en
el amor, que crezcamos en generosidad, que crezcamos
en verdadera grandeza, y todas nuestras palabras de
preocupación por el otro serán mera
declamación vacía de algo que no vivimos
ni somos.
Cuaresma, tiempo para aprovechar para “airear”
el espíritu y el corazón, permitiendo
que la Gracia del Señor “ese aire nuevo”
nos refresque y alivie en nuestras sequedades, dolores,
abatimientos, aburrimientos, faltas de compromiso,
mentiras, mal uso de nuestro cuerpo, de nuestras capacidades,
de nuestro tiempo, de nuestros bienes. Con esa fuerza
de la Gracia podremos muchas cosas que ni nos imaginamos
o que parecen muy lejanas o imposibles.
¡Que la Virgen María, Nuestra Señora
de Fátima, nos acompañe y fortalezca
en esta etapa para celebrar la Pascua con un corazón
renovado y “aireado”!
Un abrazo y mis oraciones.
Padre Guillermo