Esperanza
en la conversión
Fin del tiempo
de vacaciones, de descanso, o de algunas obligaciones.
Retomamos las actividades habituales del año,
y con ellas, también, un tiempo de reflexión
y oración como es el de Cuaresma para prepararnos
a celebrar la Pascua.
Como todos los años, Cuaresma se nos presenta
como un tiempo de crecimiento en la esperanza. Esperanza
en la conversión de los pecados, es decir,
en la posibilidad que tenemos de reconocer nuestros
errores, tendencias, debilidades, y así poder
cambiar para dejarlas atrás recibiendo el perdón
de Dios y de nosotros mismos. Teniendo esta actitud,
también, tenemos que considerar y aceptar que
los demás pueden cambiar, “convertirse”,
que aunque conocemos sus debilidades, con la Gracia
de Dios, pueden mejorar. Si somos capaces de esperar
un cambio en nosotros también tenemos que esperarlo
en los otros.
Este tiempo es para salir al encuentro de Jesús
Resucitado en la Pascua. A los discípulos les
costó reconocer a Jesús, porque esperaban
algo distinto, algo que se habían imaginado
y esperaban. Tuvieron que esforzarse en captar la
realidad tal cual era. Muchas veces nosotros esperamos
algo de Dios, y nos aferramos tanto a nuestra idea
que no somos capaces de “ver” todo lo
que nos está ofreciendo el Señor. Por
esperar un hecho puntual nos perdemos la realidad
del amor de Dios, su ternura y misericordia.
Salir al encuentro del Señor Resucitado significa
que nos tenemos que despojar de nuestros planes, para
aceptar los de Dios, que tenemos que “salir
de nuestro encierro” para dejar que nos colme
con su Gracia, que tenemos que salir de nuestras actitudes
de pecado y mezquindad para llenarnos de su libertad
y verdad, que tenemos que dejar nuestra soberbia y
sabiduría para que la humildad y sencillez
de Jesús nos transforme.
Junto con todas las mentiras, falsos logros y éxitos,
falsa libertad, que el mundo nos quiere hacer creer
que son “nuevos valores” y que un pensamiento
moderno tiene que vivir, Jesús nos vuelve a
traer la Verdad del Padre, Él es la Palabra
de Dios, que nos invita a seguir sus enseñanzas
eternas, que no cambian porque están dichas
para el hombre de todos los tiempos. Él tiene
la Verdad, que al mundo le cuesta aceptar, porque
Él nos hizo y nos conoce desde lo más
profundo de nosotros mismos. Él sabe mejor
que nadie lo que nos hace falta, lo que no nos hace
bien, lo que nos lleva a la felicidad.
A través de las lecturas de los domingos de
Cuaresma podremos reflexionar sobre actitudes importantes
a tener en cuenta para nuestra conversión,
y durante la Semana Santa podremos reflexionar y admirar
lo que Jesús hizo por nosotros para que nosotros
lo podamos vivir, agradecer e imitar.
¡Qué la Virgen María, Nuestra
Señora de Fátima, nos anime y acompañe
para poder experimentar la alegría de Cristo
Resucitado!
¡¡¡FELICES PASCUAS!!!
Un abrazo y mis oraciones.
Padre Guillermo.