| Que
lindo seria
Después del tiempo de
vacaciones y descanso, para la mayoría de nosotros,
hemos retomado el ritmo y tareas habituales del año.
Se puede mirar hacia delante con pesimismo, tedio, etc.,
o con esperanza. Hemos iniciado el Tiempo Litúrgico
de Cuaresma, ciertamente un tiempo de profunda esperanza
en la posibilidad de conversión del corazón
, sin la cual no tendrían sentido estos cuarenta
días de preparación para la Pascua.
La Iglesia nos propone un “tiempo fuerte”
para la reflexión, la oración, la privación
de cosas superfluas, la generosidad hacia los necesitados.
Es decir, un mayor interés y esfuerzo en el crecimiento
espiritual, para descubrir, un poco más, el amor
infinito de Dios hacia cada uno de nosotros y como podemos
ser más dóciles a lo que el Padre quiera
mostrarnos.
Las tareas y el ritmo de cada día “no nos
dejan” tiempo y ganas para alimentarnos espiritualmente,
por un lado, y por otro, no sabemos muy bien como hacerlo.
Por lo que a menudo la posibilidad de crecer en el espíritu
queda como un buen propósito sin resolver, y
así nos vamos debilitando interiormente sin saber
por que. Puede ocurrir que en algún momento,
me parezca que estoy haciendo y creyendo en algo vacío,
lejano, que no me dice nada, no me aporta nada, no me
sirve para nada.
El Amor de Dios es lo que nos da vida, y cuanto más
nos acerquemos y lo conozcamos más se ensanchará
nuestra vida, nuestra capacidad de amar y amarse a uno
mismo, más se agrandará nuestra mirada
y horizonte, y eso permitirá que disminuya el
enojo, el cansancio, las enfermedades, los problemas
o dramas que nos hacemos frente a un sinnúmero
de situaciones, las fantasías negativas frente
al futuro, el egoísmo y el orgullo, la actitud
de estar a la defensiva sintiendo ataques de todos lados,
etc., etc.
Cuando decimos que el amor transforma a una persona
estamos afirmando algo muy cierto, ya que el amor da
vida, ¡cuánto más cuando es hacia
Dios!¡y sobre todo, desde Dios a nosotros!.
A veces puede asustar estar en silencio y en soledad
frente al Señor, pero no temamos que su presencia
es de paz, de reconciliación, de ternura, nunca
va a ser de reproche y ,menos, de condenación
.
Aprovechemos con Esperanza este tiempo especial de Reconciliación
con nosotros mismos (nuestro pasado, nuestros errores,
nuestras debilidades, nuestras frustraciones y desengaños),
con los demás( sus silencios, sus palabras que
nos lastimaron, sus actitudes que nos hicieron sufrir,
sus formas de ser que no comprendemos o aceptamos),
y con Dios(porque a veces lo sentimos lejano, que no
nos escucha, que no nos da lo que le pedimos y tanto
necesitamos).
Preparemos el corazón y la mente para entrar
en la Reconciliación. Usemos, por ejemplo, las
lecturas de la Misa de cada día(que figuran en
La Hoja del Domingo), para tener algo que nos auxilie
en nuestra reflexión, y nos allane el camino
para rezar.
¡Que la Virgen María, Nuestra Señora
de Fátima, nos ayude para poder llevar adelante
este pequeño esfuerzo, y nos haga ver los grandes
regalos que recibiremos!
Un abrazo y mis oraciones.
Padre Guillermo.
|