Yo no fui
¡Cuántas
excusas, pretextos, acusaciones, sospechas, se lanzan
al aire y al papel para no sentirse responsable de
nada de lo que pasa en nuestra vida y alrededor!,
¡qué triste que nadie sea responsable
por lo que hace, dice o calla!, ya que es una característica
del ser humano el ser libre y responsable de sus actos.
Tanto se es más libre cuanto se es más
responsable de los propios actos y consecuencias,
y también se es más feliz.
Lamentablemente en nuestro país, y en el mundo
también, se ha perdido u obscurecido el sentido
de responsabilidad de los propios actos, y esto lleva,
en muchos casos, a situaciones de infelicidad, ansiedad,
inseguridad, y enfermedades. El culpar a los demás
por lo que yo hice a medias, mal o dejé de
hacer, me trae a la larga o corta, un remordimiento,
que si es conciente, nos tiene que llevar a cambiar,
pero si lo tapamos y no le prestamos atención
se manifiesta en infelicidad, etc.
Cuando se ha hecho costumbre el sacarse responsabilidades
de encima no se puede asumir algo con responsabilidad
sin un gran esfuerzo para sanar y cambiar esta actitud.
Se desconfía de todos, se es incapaz de brindar
amor y recibirlo, se mide todo lo que se hace para
comparar con lo que hacen los otros y encontrar así
que nadie nos corresponde, que somos usados, no tenidos
en cuenta, todas, en realidad actitudes propias que
proyectamos en los demás para no mirarnos y
enfrentarnos con nosotros mismos, y por ende, con
Dios.
De no mediar alguna ayuda especial del Señor,
o una circunstancia muy fuerte, será muy difícil
reaccionar positivamente.
Todo esto se ve en las actitudes de los que gobiernan,
de los que tienen poder de conducción, de los
que informan.....pero también en el actuar
cotidiano en la familia, en la calle, en el colegio.
Tenemos que ayudarnos a vivir con mayor felicidad
en todos los ámbitos de la vida y en todos
los niveles y para eso es importantísimo ser
responsable de nuestro actos, hacernos cargo de ellos
y sus consecuencias, y ayudar y acompañar a
los demás a hacer otro tanto.
Lo que pensemos que no podemos pidámoslo al
Espíritu Santo, y lo que pensamos que podemos
también, para que lo fortalezca. (una buena
forma es con la Secuencia del Espíritu Santo
, que salió publicada en la pag 4 del Boletín
anterior).
¡Qué la Virgen María, Nuestra
Señora de Fátima, nos anime a ser dóciles
a la acción del Espíritu Santo!
Un abrazo y mis oraciones.
Padre Guillermo.