¿Nos damos cuenta?
Quizás
sin darnos cuenta estamos llegando a mitad del año.
¡Cuántas cosas pasaron y vivimos! ¿Somos
conscientes de tanta riqueza?. Aunque algunos hechos
o situaciones no hayan resultado buena, siempre es
una riqueza el vivir, aprender, adquirir experiencia,
descubrir los errores y aciertos, etc. ¡Cuánto
para dar gracias a Dios por el don de la vida!.
Estamos por celebrar Pentecostés, la presencia
del Espíritu Santo en los Apóstoles,
en la Iglesia, en cada uno de nosotros. El Señor
nos sigue acompañando y ayudando a través
de la acción de su Espíritu en nuestro
corazón. Nuestra vida sigue siendo importante
porque El está al lado de cada uno , y nos
anima a buscar lo mejor, lo que nos hace más
plenos, más felices, ...más santos.
No siempre sentimos esa presencia de Dios por el Espíritu,
a veces lo sentimos en algún apuro, en algún
momento de oración, en la Misa,...pero El nos
acompaña en cada segundo, y aunque uno quisiera
“escaparse” de El no lo lograría,
a lo sumo se escaparía de uno mismo, de su
verdad, de su ser más íntimo. Quizás
ahí está la mayor fuerza del Espíritu
Santo, ayudarnos a ser uno interiormente, a no andar
divididos en mil ocupaciones, preocupaciones, proyectos,
modos de comportarnos o de hablar(según con
quien estemos, o según como pensamos que vamos
a “caer” mejor). Muchas veces andamos
tan divididos que casi no sabemos quienes somos, ni
como tenemos que vivir. Los dones del Espíritu
Santo vienen en esta línea, para recomponer
lo que el pecado destruye y divide, en nuestro interior,
con los demás, y en el mundo.
Por eso decía ¡cuánta riqueza
interior hay en nosotros! Y quizás no nos damos
cuenta, no sabemos aprovechar lo que el Señor
pone en nuestras manos.
Si estamos en el mundo es para hacerlo crecer con
la entrega a los demás, con el servicio y la
generosidad, con el compartir y aprender a caminar
juntos. En esta sabiduría se encierra la única
posibilidad de crecer, entonces, de veras. El egoísmo,
el cálculo, el encierro o el miedo a darse
nos debilita e impide el crecimiento, y aunque parezca
otra cosa, nos hace perder lo que habíamos
logrado. Nada se puede atesorar y encerrar en alguna
caja de seguridad especial, si no se está brindando,
entregando y compartiendo la vida , los talentos y
los bienes con los demás.
Basta mirar a nuestro país, al mundo y a la
historia para descubrir cómo el que se encerró
y quiso guardar y acaparar nunca terminó feliz
y pleno. Ejemplos....miles. Solo basta detenerse un
momento y mirar.
Que el Espíritu Santo inunde nuestro corazón
con su fuerza, su vida, sus dones. Pidámosle
nos ayude a percibirlo y a dejarlo actuar en nosotros
con docilidad.
¡Que la Virgen María, Nuestra Señora
de Fátima, nos ayude a abrir nuestro corazón
y nuestra mente para caminar a la santidad, a la felicidad!.
Un abrazo y mis oraciones.
Padre Guillermo.