Contagiados
por el Espíritu
Estamos celebrando,
una vez más, la Fiesta de Pentecostés,
el nacimiento de la Iglesia, y la toma de conciencia
de los Apóstoles de la misión que habían
recibido de Cristo Resucitado. Atrás quedaba
el temor, la desesperanza, el estar encerrados, hacia
delante un futuro incierto, un camino desconocido,
una aceptación dudosa de sus palabras, pero...en
sus corazones una fuerza nueva y desconocida que los
empujaba a actuar, a anunciar la Buena Nueva, a proclamar
que a pesar de todos los sufrimientos, tristezas,
y dolores hay un Dios Misericordioso que ama a los
hombres y a cada hombre, que busca y brinda la felicidad,
el amor y la paz, que es capaz de perdonar todo error,
todo pecado de sus hijos, y que por eso nos envía
su Espíritu para fortalecernos en la Esperanza,
para que descubramos la riqueza de la Palabra de su
Hijo y la podamos vivir.
Inmersos en una situación difícil del
país, los cristianos estamos comprometidos,
por el Bautismo, a llevar con nuestra vida, nuestra
palabra, nuestros gestos cotidianos, una visión
de esperanza y alegría. Estamos llamados a
poner en juego nuestros talentos y creatividad para
transformar la realidad de nuestro país, empezando
por nuestro propio corazón y mente.
Habiendo, también nosotros, recibido el Espíritu
Santo contamos con una fuerza espiritual, que no es
nuestra, y que si la sabemos conservar y hacer crecer
nos tiene que contagiar del mismo empuje de los Apóstoles
y de tantos hombres y mujeres, que a lo largo de los
siglos, y en medio de dificultades iguales o peores
que las que podemos estar pasando, pusieron y dejaron
su impronta que transformó ciudades, países,
épocas.
Frente a situaciones de crisis moral y ética,
estamos invitados a hacerle frente con un fuerte crecimiento
espiritual, personal y comunitario, que nos ayude
a unirnos más al Señor y entre nosotros
para vivir los valores del Evangelio en todas las
situaciones y ámbitos de nuestra vida.
Juan Pablo II al terminar el Jubileo del 2000, nos
ha invitado a "navegar mar adentro", es
decir, a profundizar en nuestra fe, para dar al mundo
el verdadero testimonio cristiano que haga florecer
en el corazón de cada hombre el sentimiento
de gratitud, por tantos dones recibidos en la vida,
y el deseo de santidad, como único camino de
felicidad aquí, para la Vida Eterna.
Contamos con talentos, tiempo y bienes materiales
que si los sabemos compartir nos darán una
gran riqueza que puede ayudar a muchos. Nuestra Comunidad
Parroquial, a lo largo de estos años, ha seguido
creciendo en Solidaridad. Eso es una gran riqueza
que tenemos que explotar más y mejor. Aquel
que no está mirando solo su propio interés,
sino que es capaz de mirar las necesidades e inquietudes
de los demás y actúa en consecuencia,
ese, encontrará una alegría y felicidad
que ningún contratiempo le podrá arrebatar.
¡Qué Nuestra Señora de Fátima
nos acompañe en este camino y nos ayude a ser
fieles al Espíritu Santo!.
Un abrazo y mis oraciones.
Padre Guillermo
P.D.: Como lo manifesté en las Misas, agradezco
a todos el cariño que me expresaron con motivo
de mi cumpleaños. A pesar de estar entre ustedes
hace tan poco tiempo, es mucho lo que recibí.
Muchísimas gracias!!!!!!!!!!.