¿Es
tan así?
¡Cuantas
contradicciones escuchamos y pronunciamos, cuantos
hechos irrelevantes se quieren transformar en importantes,
cuantos acontecimientos trascendentes se quieren desprestigiar
a banales, cuantos asuntos que requieren de un compromiso
se quieren vivir con total irresponsabilidad!. Así
estamos y así está el mundo, que vivimos
y hacemos, esa es la realidad que nos invade y debilita.
¿Queremos seguir así, o tratar de hacer
algo para que lo que consideramos valores de vida
sigan vigentes?.
Jóvenes que no se animan a comprometerse al
matrimonio, pero que quieren vivir como matrimonio
sin ningún compromiso, ni atadura. Que quieren
vivir juntos pero sin pensar en la posibilidad de
tener hijos. Que quieren vivir juntos pero sin ninguna
atadura que les impida “rehacer” su vida
ante un fracaso. Que viven juntos unos años
hasta que aparece el hijo y entonces la “desesperación”
por casarse como si nada hubiera pasado (con grandes
vestidos, importantes fiestas, enormes lunas de miel,
muchos regalos, y grandes sonrisas de todos y aplausos),
recién ahí aparece un poco de compromiso
con la sociedad, y hasta con la fe, pero, en general,
ningún reconocimiento del error anterior, casi
ningún atisbo de conciencia de no haber seguido
las enseñanzas de la fe o el sentido de lo
que es una familia, o, al menos, el sentido común.
¿Qué nos pasa? ¿Estamos dejando
que se destruya el concepto de familia?¿Estamos
dejando que nos destruyamos como persona?¿Nos
estamos negando a ser felices, con todo el esfuerzo,
seriedad y compromiso que esto requiere?
¿No será que nos olvidamos, un poco,
de vivir y transmitir la alegría de saberse
elegido y amado para siempre por alguien?
¿No será que los problemas y desencuentros
que hay en toda familia nos impiden ver que con el
esfuerzo de todos se puede salir adelante?
¿No será que, por una idea equivocada,
nos asustan tanto las discusiones, las distintas visiones,
las diferentes emociones y sentimientos, que no podemos
descubrir caminos de reconciliación, de serenidad,
de perdón?
¿No será que por el miedo de transmitir
la verdad a nuestros hijos, que nos tilden de autoritarios
o cerrados, terminamos sin transmitirles, con nuestra
vida, palabras y gestos, el sentido que tiene la vida?
¿No será que frente a tantos desengaños
políticos, económicos, religiosos, hemos
perdido el sentido del fin de nuestra existencia?
¿No será que en el fondo estamos en
una crisis de fe, que nos impide ver que hemos sido
creados por amor, que hemos sido elegidos para ser
felices por toda la eternidad, que hay un Padre bueno
y presente que nos quiere, nos conoce, nos perdona,
nos da fuerzas para levantarnos, nos sigue llamando
a ser santos como Él lo es, nos regaló
a su Hijo que nos mostró y nos sigue mostrando
El Camino?
Muchas preguntas e interrogantes. Ninguna tiene una
respuesta de unos cuantos renglones ni unas acciones
fácil de seguir. Necesitamos reflexionar juntos
y mucho.
Necesitamos reunirnos para ayudarnos y hacer caminos
como familia.
En la Asamblea Parroquial, que estamos preparando
para el 15 de octubre, y en los trabajos previos iremos
encontrando y realizando propuestas que nos ayudarán.
Por eso es necesario que participemos todos, de todas
las edades, con distintas experiencias para enriquecernos
como Comunidad Parroquial, como familias, como personas.
¡Que la Virgen María, Nuestra Señora
de Fátima nos acompañe en nuestro camino!
Un abrazo y mis oraciones.
Padre Guillermo